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Silencio, se piensa: el runrĂșn que falta en el cine.

El espacio oscuro, el sistema de sonido, la pantalla grande, son elementos conformados para sumergirte y ponerte a servicio de la experiencia, entonces, si se ignoran estos paråmetros y prevalece el hacer fotos, hablar en alto o estar con el móvil por encima de la película o de pensar en algo ajeno, ¿qué buscamos en ir al cine?


Ayer noche fui al cine a ver RomerĂ­a la Ășltima pelĂ­cula de Carla SimĂłn. Se estrenĂł a principios de este mes y aĂșn asĂ­ la sala estaba muy llena para ser la sesiĂłn de las 22:15. Como venimos estando acostumbrados a ver, existe una mala praxis del espectador promedio en la sala del cine, que es la de hablar en alto como si se estuviera en el salĂłn de casa.


Tras 10 minutos de trĂĄilers difĂ­cilmente comprensibles por el coloquio de varios espectadores sobre cualquier tema irrelevante, aprovechando un silencio entre anuncios, mi acompañante comentĂł en alto “Parece que aquĂ­ la gente viene a hablar como si estuviera en su casa” lo que provocĂł el silencio incĂłmodo de los tertulianos y alguna risa cĂłmplice. Y ojalĂĄ se quedase en lo anecdĂłtico pero es una cosa que, de un tiempo para acĂĄ, he podido ver en las salas gracias a que puedo permitirme ir al cine mucho mĂĄs.


Este verano fui a ver Misión Imposible - Sentencia final Parte 2 (2025) -el final, ahora de verdad-. En ella, Ethan Hunt se enfrenta a una organizaciĂłn que tiene el cerebro lavado por una inteligencia artificial que, a travĂ©s de Internet, amenaza con destruir la tierra. En mitad de la pelĂ­cula un soldado del ejĂ©rcito estadounidense revela formar parte de dicha organizaciĂłn y aprovecha que Tom Cruise estĂĄ distraĂ­do para atacarle por sorpresa. Sucede una secuencia de acciĂłn en la que ambos pelean y Tom Cruise, en un alarde de chascarrillo cĂłmico le dice: “Hagar, pasas demasiado tiempo en internet”, mientras le retuerce la rodilla al prĂłjimo.


Fotograma de la escena donde tiene lugar la lucha mencionada
Fotograma de la escena donde tiene lugar la lucha mencionada

La cuestiĂłn es que, en los Ășltimos 10 minutos de la pelĂ­cula, en una suerte de catĂĄrtico cierre a 29 años de la famosa saga cinematogrĂĄfica, una señora de entre los espectadores decidiĂł que para ella la pelĂ­cula habĂ­a terminado, y que, a pesar de que la pelĂ­cula tratase cĂłmo nuestra sociedad estĂĄ condenada a la extinciĂłn por nuestra relaciĂłn y uso de internet, lo mejor era ver reels de cocina a todo volumen en una sala IMAX.


Me ha pasado también con películas de otro caråcter como Cónclave (2024), película sobre la corrupción de la Iglesia en la toma de decisiones que llevan a un cardenal a ser electo como Papa. En los pasillos del Vaticano, el silencio habla por los que callan, sin embargo, un matrimonio de mediana edad en el cine, comentaba a viva voz quién sería el responsable de amañar a un grupo de personas o quién saldría electo, mås que Cónclave parecía Scooby Doo.


O como cuando fui a ver Un efecto Ăłptico (2020) de Juan Cavestany. En la sala, delante de mi, tres señoras curiosas entraban a ver la nueva propuesta del director madrileño, probablemente inducidas por el protagonismo de Carmen Machi y PepĂłn Nieto. A mitad de pelĂ­cula, se formula un bucle temporal como metĂĄfora sobre la rutina, la insatisfacciĂłn y la bĂșsqueda de disfrute en la vida de pareja, y la pelĂ­cula vuelve a comenzar desde el principio. Dichas señoras, muy sobresaltadas, llevaban casi una hora sin entender nada y no parecĂ­an haber entendido este recurso narrativo, por lo que, indignadas y sobresaltadas, decidieron abandonar el barco antes de ni si quiera plantearse lo que estaban viendo.


Del mismo modo, hace poco, el director Chema GarcĂ­a Ibarra, en una entrevista que le hice este verano me decĂ­a:

“A mi me gusta mucho ir al cine y lo que me gusta es ponerte en una situaciĂłn en la que lo que manda es la pelĂ­cula. Entonces no es un lugar para atender al telĂ©fono e incluso atender a alguien que te dice algo, simplemente el hecho de estar en silencio me gusta como lugar de sometimiento, de sometimiento voluntario a una pelĂ­cula. Entonces lo que manda es la pelĂ­cula. Creo que te permite llegar a ser completamente invadido por la pelĂ­cula y que no haya nada de la realidad que la interfiera y creo que es una forma fantĂĄstica de ver una pelĂ­cula.”

Y tiene mucho sentido, el espacio oscuro, el sistema de sonido, la pantalla grande, son elementos conformados para sumergirte y ponerte a servicio de la experiencia, entonces, si se ignoran estos paråmetros y prevalece el hacer fotos, hablar en alto o estar con el móvil por encima de la película o de pensar en algo ajeno, ¿Qué buscamos en ir al cine?


Mucha gente a día de hoy se queja (con razón) del elevado coste que supone ir al cine y de cómo esto es un impedimento para ver las películas. Así que tienes que afinar la puntería para tomar la decisión de invertir 13€ en algo que te vaya a aportar de verdad.


Pensaba todo esto a raíz, hace poco, de hablar con un amigo que me decía que se propuso en su tiempo libre “verse una nueva” y tenía “esa de Jesse Eisenberg y Kieran Culkin” -probablemente A Real Pain (2024) dirigida por Jesse Eisenberg- pero creyó que era un “rollazo” y tras 15 minutos la cambió y puso la nueva de Shin Chan. Porque el personaje de Kieran Culkin le parecía muy pesado y con 15 minutos supo ver como “era el típico personaje americano que hace mucha gracia a los amercianos” y cambió a la nueva de Shin Chan, que por lo que sea, tampoco le gustó porque “no era como las primeras”.


“PelĂ­culas nuevas asĂ­ que sean como de sentarse y no tener que estar como "runrĂșn" la cabeza y tal, es que no hay, no hay
” esta frase se me quedĂł en la cabeza y reflexionĂ© sobre cuĂĄntas pelis realmente de fomentar ese “runrĂșn” vamos a ver al cine -o nos dejan ver, por la misma programaciĂłn-. CĂłmo estamos dispuestos a verlas si no respetamos la pelĂ­cula ni a otros espectadores, estamos haciendo fotos o pensando en quĂ© vamos a cenar, si nos hemos hinchado a palomitas.


CategorĂ­a de la plataforma Movistar +
CategorĂ­a de la plataforma Movistar +

Todo esto obedece a varios factores sociales, econĂłmicos e incluso polĂ­ticos cuya soluciĂłn no es Ășnicamente aprender a estar callado dos horas de tu dĂ­a o dejando el mĂłvil en silencio y guardado. El cine es comercial en cuanto a que la industria cinematogrĂĄfica genera productos orientados a un gran pĂșblico y con la intenciĂłn de generar beneficios econĂłmicos como objetivo principal, vaciĂĄndolo de cualquier tipo de significado o mensaje y enfocĂĄndolo a la distracciĂłn, siempre que sea posible.


Es, por supuesto, susceptible de que tenga mĂĄs presencia o no el arte dependiendo de cada obra, pero por lo general las pelĂ­culas obedecen cada vez mĂĄs a una necesidad recreativa para el espectador. Habitamos un sistema que nos quiere trabajando 8h diarias de lunes a viernes, invirtiendo otro par en desplazarnos por ciudades sobrepobladas, obedeciendo a lĂłgicas como la familia tradicional y el ocio de consumo. Y probablemente atender a pelĂ­culas que fomentan el "runrĂșn" nos hiciera desear alternativas a todo eso -un mundo mĂĄs amable, mĂĄs crĂ­tico- donde poder ir despacio para ver una pelĂ­cula que no tuviera el ritmo de un tiktok. Se buscan productos que no nos hagan pensar, porque desde pequeños somos mĂĄs “peligrosos” si nos cuestionamos el orden a nuestro alrededor, por ello se premia al que dice que “leer no te hace mejor persona” y lo convertimos en influencer, o a quienes difunden ideas retrogradas y les ponen un podcast.


Queremos algo que nos haga sentir bien y nos diga lo que queremos oĂ­r. Y en realidad no tiene nada de malo querer ver MisiĂłn Imposible y entretenerte un rato viendo como se dan hostias. La problemĂĄtica estĂĄ en no ver MisiĂłn Imposible con un mĂ­nimo de contexto y criterio y estar acostumbrado a ello. TendrĂ­amos que ver cualquier tipo de cine, porque de todo se puede aprender algo, pero si nos rodeamos Ășnicamente de contenido que no nos invita a pensar y ademĂĄs no luchamos por crear un criterio que nos haga mejores personas estamos condenados culturalmente -y quizĂĄs como sociedad, porque no podemos entender aquello que no es como nosotros- y como consecuencia es mĂĄs normal que Padre no hay mĂĄs que uno recaude millones y millones siendo una saga en la que el progenitor se dedica a humillar sistemĂĄticamente a sus criaturas -sus hijos ficcionados y las de verdad- y los niños acuden a verlo a las salas de cine y no nos preocupa.


No queremos asumir que lo que vemos y cĂłmo nos comportamos tiene una consecuencia real en el mundo. Ver cine sin ningĂșn criterio quizĂĄs no nos hace peores personas, pero sin duda sĂ­ menos crĂ­ticas y es mas proclive que no reaccionemos hacia ciertos discursos, estĂ©ticas y conceptos que realmente son reaccionarios. De esta forma preferimos quejarnos de quienes señalan nuestras conductas porque el cambio y la crĂ­tica nos parecen agresivos.


Cuando terminamos de ver RomerĂ­a la gente empezĂł a salir de la sala mientras se proyectaban los crĂ©ditos. Para nuestra sorpresa, un muchacho sentado a mi derecha se nos dirige: “Perdonad, pero es que nosotros estĂĄbamos hablando solo durante los anuncios y no me parece bien que hayĂĄis dicho eso cuando luego nos hemos callado
”. Mi acompañante le increpa: "En realidad lo decĂ­a por todas las otras personas de atrĂĄs". Nosotros no nos dimos cuenta ni de que hablaban a nuestro lado.


Con cuanta facilidad pensamos o sospechamos que otros son o actĂșan como nosotros, en especial cuando se trata de malas acciones o aptitudes. En efecto, como dice el refrĂĄn "Piensa el ladrĂłn que todos son de su condiciĂłn.".

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