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La moda de los 90s y los 2000 en el arte

Se ve con una felicidad nostálgica, como un bonito recuerdo. Eran tiempos mejores o más felices, en los cuales parecía que el capitalismo no colapsaba ni había crisis económicas ni financieras (spoiler: sí las había).

"Sin título" (2022). Bolígrafo y rotuladores sobre papel. Juan Francisco Rico Vázquez.


El estilo vintage está muy de moda actualmente, sobre todo el de los años 90 y los 2000. Esto se debe al relevo generacional surgido durante esta época, los que ahora miran su niñez, infancia, adolescencia y juventud con nostalgia. Se contemplan con una mirada melancólica, donde se omiten todos los malos momentos que pudo tener de forma colectiva y social. Es por ello que se ven con una felicidad nostálgica, como un bonito recuerdo donde eran tiempos mejores o más felices, en los cuales parecía que el capitalismo no colapsaba ni había crisis económicas ni financieras (spoiler: sí las había); obviamos dichos recuerdos negativos de forma inconsciente por culpa de la mirada desde una perspectiva del recuerdo y de la nostalgia, desde la melancolía y el anhelo de volver a unos recuerdos felices. Dichos recuerdos nos llegan de una forma más dura y directa gracias a que en ese periodo de tiempo hubo una explosión cultural y popular potenciada por la globalización mas extrema. “Gracias” a dicha globalización tenemos unas reminiscencias a nuestros recuerdos más fáciles, ya sea viendo o consumiendo productos de esa época o simplemente viendo algo con esta estética como pueden ser series de televisión producidas en este periodo. Un ejemplo es Friends, recordando buenos momentos de los 90 gracias a que la serie era un entretenimiento y proporcionaba buenos ratos de forma directa, pensar en un producto que proporciona “bienestar” hace opacar los malos momentos de aquella época.


Por tanto, aquella estética y moda que utilizaban en aquellos momentos (o incluso estilos musicales y otros campos artísticos y culturales, objetos y accesorios, snacks, etc.) provoca que, al consumir o ver o pensar en esos momentos felices de épocas anteriores, queramos revivirlo de alguna forma y por ello (uno de los factores de muchos) volvemos a la moda y estética de aquello. La moda y la estética es lo que más se refleja en nuestra retina, es lo primero que recordamos de esa época “feliz”; por tanto, queremos replicar y revivir eso, nos gusta lo nostálgico que nos hacía felices, e incluso, simplemente, admiramos aquella moda con la que crecimos. Es una de las partes del porqué la moda es cíclica.


Actualmente pues, se llevan los 90s y los 2000, el estilo dosmilero de un bakala de la “Ruta del Bakalao”, o el estilo cani de principios de la primera y mediada década de los 2000; los vestidos, pantalones y camisetas de Alicia y Lucía de “Aquí no hay quien viva”; lo emblemática que nos es Belén, de la misma serie, como figura e ícono de los años 2000. La ropa que llevaba cada tribu urbana que se podía ver reflejada en productos que aún consumimos y conservamos a día de hoy como puede ser “Física o química”, e incluso su mítica canción de Despistaos que nos hace recordar esos sonidos y acordes de una época “dorada”. El acordarnos del Tuenti o el Messenger, los tamagotchis, de la ropa de los bailarines de “UPA Dance”, etc. nos hace anhelar dichos productos y modas. Por no hablar de los 90s, como ya dije antes, la ropa y estética de “Friends”, míticos videoclips y programas emitidos en la MTV, las burradas de “Jackass” con esa estética macarra y casera grabada entre colegas donde pensábamos que cualquiera podría recrear en su propio hogar las innumerables gamberradas, los propios estilos musicales varios con su característica forma de vestir y modas y estéticas; el desear llevar ropa de cualquier marca cuando veíamos a algún ídolo o famoso/a con una prenda de vestir que nos llamaba la atención y ansiábamos poder probarnos. Es, al fin y al cabo, la estética capitalista e hiperconsumista impuesta por el sistema lo que nos hace también fijarnos en la moda y estética, porque, al fin y al cabo, era una estética publicitaria constante, llevar la ropa de marca, los anuncios de publicidad, los patrocinadores en programas de TV como en los “X Games”, etc. Con esto quiero llegar a que las marcas, la publicidad y los patrocinadores formaron parte de la sociedad y de la cultura popular como una iconografía repetida como un mantra entre la población, que pasó a ser una estética cuando nace la moda de los 90s y los 2000. Es, por tanto, una estética puramente capitalista, de marca o publicista.


Dicha iconografía de la marca y publicidad, dicha estética y moda de los 90s y 2000, se puede ver representada en obras artísticas. Un ejemplo de esa estética de los 2000 donde se utiliza muchísimo las marcas y la publicidad, y otros estándares estéticos de los 2000, son las obras de David Rappenau, donde observamos acciones de la vida cotidiana como pueden ser: personas fumando en la calle, amigos/as relajándose mientras están con su portátil, consumo de drogas o consecuencias de un mal consumo de las mismas, etc. Se puede observar el tono acelerado y de desfase de los 2000, ya no solo por la estética (que es lo que más impresiona al ver sus obras por sus figuras marcadas y estiradas con esa sensación de velocidad, desenfreno y aceleración, con un perspectivas de ojo de pez típica y muy de moda en los 90s y principios del 2000 que también ayuda a esa sensación de velocidad de la cual estamos hablando) sino también de las propia vida cotidiana y popular y acciones cotidianas cometidas en las obras, que animan a pensar en el desenfreno (y por tanto también nos da esa sensación de velocidad) de la época de los 2000, ya sea por el consumo de drogas quizás con cierto desconocimiento y moda discotequera o ya sea por el acelerón de la globalización que hace que todo empiece a ir más rápido, todo a estar más conectado mundialmente y la gente con más acceso a las relaciones interpersonales (gracias a las redes sociales por ejemplo) pero también a que fueran los procesos más rápidos y superficiales, por tanto, más efímeros y fugaces. Al fin y al cabo, es una constante velocidad representada en las obras de David Rappenau. Por no hablar del constante bombardeo publicitario y de las marcas que aparecen en la estética dosmilera y en las prendas de vestir u objetos de los/las protagonistas de las obras. Incluso los escenarios, en ocasiones tiene toques cybergs o neo-Tokyo típicos de la cultura popular de ese periodo de tiempo. David Rappenau, bajo mi punto de vista, consigue representar perfectamente los años 2000, y son puras obras maestras, sublimes cada una de ellas, embelesando al espectador ante una nostalgia y recuerdo que consigue elevar más allá del pensamiento humano y de nuestra capacidad lógica, nos atrae con la nostalgia y la morbosidad de sus obras al ver de una forma voyeur las acciones cotidianas de nuestros protagonistas.



David Rappeneau, Sin título, 2020. Colored pencil, ballpoint pen, pencil, charcoal pencil, acrylic marker on paper. © David Rappeneau. Courtesy of the artist, Gladstone Gallery, and Queer Thoughts, New York.


Otro ejemplo, en este caso donde se da la representación de la estética y la moda de los 90s, son las obras de Ben Evans. Obras que impactan con su magnitud de tamaño al espectador, y con su contenido, por supuesto. Sus personajes son también inmensos y abismalmente mastodónticos, haciendo que ocupen gran parte del espacio del lienzo, generando en nosotros un impacto y un choque en una primera impresión de sus obras. Tienen una estética cursi y pastelosa de los 90s, como esa “falsa felicidad” de la que hemos hablado antes, cuando se produce la nostalgia o el recuerdo a través de una mirada melancólica; a la par que cursis son repulsivos, bizarros y morbosos, se produce o se genera una especie de tensión entre lo cursi y pasteloso, y lo asqueroso y morbosamente grotesco. Aún así, representa muy bien la estética de los 90s simplemente en las figuras o gama cromática de tonos de colores usados, como una reminiscencia a los videoclips y música de Lana del Rey, donde la cantante juega con esa pastelosidad y ese morbo o aquello que es bizarro. Lana del Rey también evoca a un pasado en sus canciones y videoclips y a una nostalgia melancólica, juega con el morbo (al igual que Ben Evans) de la nostalgia; se podría decir que se produce una especie de sinergia entre Ben Evans y Lana del Rey.



Ben Evans, "Bubbles", 2021. Acrylic on canvas


Introducidos ya David Rappenau y Ben Evans, creo que son dos grandes artistas y ejemplos de la estética de los 90s y los 2000, que representan a la perfección esa época y esos sentimientos nostálgicos que nos evocan cuando vemos sus grandiosas obras de arte. Son dos recomendaciones dentro de las muchas existentes entorno a este tema. Podría hablar sobre todos estos sentimientos melancólicos y sobre miles de artistas más que representan dicha moda en el arte, pero no pararía y podría llegar a ser abrumador y cansino. Por tanto, recomiendo encarecidamente queridos/as lectores/as, que contempléis las obras artísticas de estas dos grandes figuras del mundo del arte.


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