Violencia, Autogestión y Cartulinas: Entrevista a Mister Jägger (Alberto Redondo) sobre «Jägger Royale» (2018)
- Adrián G. Ríos

- hace 12 minutos
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Hay algo profundamente inspirador en descubrir, siendo adolescente, que alguien puede hacer cine desde los márgenes. Mi relación con la obra de Mister Jägger nace precisamente de ahí: de internet, de la precariedad, de la intuición y de las ganas de hacer cosas con lo que uno tiene a mano. Mientras yo grababa sketches y pequeños cortos con mi mejor amigo, encontré en sus vídeos una forma de crear que sentía cercana. No había una distancia industrial entre quien hacía las piezas y quien las veía; había imaginación, riesgo y una manera muy libre de entender el audiovisual.
Durante años, sus vídeos de Youtube fueron para mí la prueba de que se podía construir una voz propia desde lo amateur, desde el error y desde la experimentación más casera. Y creo que esa fue una de las primeras veces en que el cine dejó de parecerme algo ajeno o inaccesible. Ver a alguien transformar ideas aparentemente imposibles en piezas llenas de personalidad me hizo entender que quizá yo también podía dedicarme a esto. En cierto modo, parte de mi decisión de mudarme a Madrid y estudiar cine nace de esa sensación: la de haber visto a alguien convertir la creatividad precaria en un lenguaje propio.
Recuerdo especialmente el estreno de Jägger Royale (2018). La película llegó primero a la península y poco después hubo dos pases consecutivos en Cineciutat, en Palma. Fui ambos días: una vez con mis amigos y otra con mi entonces pareja. Lo que más me impresionó no fue solo la película en sí, sino la experiencia colectiva que se generó alrededor. La sala reaccionaba, gritaba, se reía y celebraba cada momento como si estuviera viendo algo que sentía suyo. Yo estaba fascinado pensando: “Ha hecho una película”. Pero no solo eso: había conseguido que la gente quisiera ir a verla, compartirla y vivirla juntos.
Para mí, aquello fue una confirmación muy poderosa. La constatación de que una persona que había empezado haciendo vídeos desde un espacio aparentemente pequeño podía llegar a construir una obra cinematográfica capaz de llenar una sala y conectar con un público real. Quizá por eso sigo viendo en su trayectoria no solo una referencia estética y tonal, sino también una inspiración vital: la demostración de que la imaginación, incluso cuando nace desde la precariedad, puede acabar ocupando una pantalla enorme.
Esta entrevista trata de aproximarse a la película Jägger Royale (2018) y al proceso creativo de su director, Alberto Redondo, más conocido como Míster Jägger. Hablamos sobre la construcción y la reproducción de la violencia, el valor de lo precario y la manera en la que toda su obra ha ido construyendo uno de los universos más particulares surgidos de internet.

[Adrián G. Ríos]
Por remontarnos un poco al principio: llegas a YouTube en un momento en el que, por lo menos en España, no había nada parecido a lo que hacías. Cuando a través del tiempo empiezas a construir ese universo, que luego desemboca en Jägger Royale, más allá de la referencia evidente de Battle Royale ¿qué fue lo que te llevó a relacionarte con el video, y el interés por contar historias? y, por supuesto, ¿qué te ha llevado a realizar este trabajo tú mismo en todo momento, sin contar con apoyos?
[JÄGGER]
Fue sobre todo intuitivo. Yo desde pequeñito tenía interés en los sketches y hacía teatro. Le pedía a los profesores hacer grupos de teatro, en realidad vengo del arte dramático clásico. Y cuando empezó toda la movida blogger, dije: “aquí se pueden hacer cosas mucho más interesantes que contar la tostada que te has desayunado”. Entonces, ese fue un poco el comienzo, tenía un verano libre y pensé, voy a hacer historias raras. Lo de ser yo solo es únicamente una decisión práctica, así no tengo que contar con nadie; simplemente cojo un trípode y voy probando. Entonces tiene un poco de minucioso el ser uno mismo. Es un formato ahí que se genera solo, pero sale de una cosa práctica. Entonces se fue encauzando todo poco a poco.
[Adrián G. Ríos]
En varias entrevistas has contado que desde pequeño te molaba hacer historias y sketches, que luego te compraste tu cámara y empezaste grabando en sitios abandonados, y con tus propios medios desembocando esto en Jägger Royale, que al final es una película realizada entre dos personas. ¿Hasta qué punto esa forma de trabajar responde a una necesidad práctica o hasta qué punto acaba definiendo lo que haces?
[JÄGGER]
No lo considero como una seña de identidad, pero sí es verdad que es derivado de la autogestión. Si a mí ahora llega una productora y me ofrece dos millones de euros para producir algo, tampoco les voy a decir: “No, es que verás, yo uso las pelucas que tengo en mi armario”. Pero sí es verdad que creo que hay una cosa que no es tanto el contenido de lo que grabo, sino la forma en la que lo hago, que ya emite un mensaje. De hecho, me compré hace años una Sony Alpha S7 II y la he usado una vez. La tengo ahí cogiendo polvo. Me gusta la antigua, me gusta la textura que da la antigua. Sube un poco las expectativas de que estás viendo un vídeo casero pero realmente cada plano que ves tiene una hora de curro detrás. Entonces no encaja con la óptica, el tipo de iluminación y todo lo que se está usando. Me parece que hay un contraste ahí que me interesa mucho. Le suma mucha calidad a la imágen, pero le resta espíritu. La uso para algún que otro plano, por ejemplo, si voy a hacer un plano muy bonito de un atardecer a lo mejor ahí si utilizo la cámara buena pero no lo uso para mucho más que eso.
[Adrián G. Ríos]
Tu estilo mezcla gore, comedia, escatología, absurdo, e incluso una dimensión más onírica que a veces recuerda a David Lynch. No está pensado para entrar en él de forma cómoda, sino casi para obligarle a pensar más allá, a descifrar lo que está viendo y leer entre líneas para no quedarse en una capa superficial de extrañamiento ¿Cómo concibes tú ese equilibrio entre provocar ese extrañamiento y que la gente conecte con lo que quieres contar?
[JÄGGER]
En cuanto a David Lynch me lo decían a menudo y yo no había visto nada suyo, no fué hasta una entrevista que me hicieron una pregunta más profunda sobre su obra que dije: no sé de qué me estás hablando. Llevaba 4 o 5 años con la creación de contenido y decidí ver algo de David Lynch. La primera que vi fue Blue Velvet, luego ya casi todo y claro, entendí la comparación. Sacar constructos y aspectos psicológicos que en sí no tienen del todo sentido; plasmarlos fuera, dejar que invadan el espacio real y ver qué pasa ahí. Como un juego. Entonces a mí siempre me gusta trabajar en esas capas, pero también me llama la atención tirar un poco por lo banal. A lo mejor es un chiste de pedos solamente, que también te puedes quedar contento con eso. Pero sí, me gusta meterle toda esta madriguera de conejo que se va generando para que tenga más profundidad, para que además te lo puedas incluso volver a ver.
[Adrián G. Ríos]
Tu estilo tiene mucho que ver con lo físico, lo impostado… Eso se traduce en efectos y soluciones que no intentan esconderse, puesto que se ven y forman parte de la película - como la inserción de los focos en varios planos, el corcho de la mano rota de Doraemon o la bola de fuego del vídeo “MATAR A PIKACHU” (2016) -.
¿Hasta qué punto eso es una forma de hacer consciente a la película de que es una película, o hasta qué punto responde a una limitación de medios y, por ende, esa decisión de que ese artificio sea visible?
En concreto en Jägger Royale sí que está la premisa de que están ahí para matarse, de que tú has ido a ver estos personajes matarse. Para no andar dando justificaciones superiores de que la historia es una distopía, el propio marco de “están en una película” se deja caer así, sin entrar demasiado en el “meta” que a mí es un tema que no me encanta.En cuanto a “la camperola do fogo” tiene mucho más trabajo que hacerlo en Photoshop o en After Effects.

Es reírse un poco de lo precario porque la bola le da, y se arruga, y soy yo moviendo la bola hacia mí mismo. A mí me gusta tirar a veces de lo precario. En ese mismo vídeo hay un montón de efectos de luces, pero en concreto la “camperola” se anuncia. Es un ataque para el que pensé hacer algo especial. Tiene un poco de gusto decir: “venga, esto con cartulina.” Porque hay una cosa ahí en la artesanía y en hacer una foto, otra foto, o un dibujo, que meterlo ahí dentro me gusta mucho, como distintas artes interrelacionadas.
Por otro lado, ¿quién me iba a decir que no puedo hacerlo? Si estuviera en una productora pues a lo mejor me exigían unas condiciones, pero en mi caso si me parece que encaja, que entra bien, se usa.
[Adrián G. Ríos]
Un elemento llamativo que atraviesa todos los vídeos y culmina en la película es que, pese a que interpretas tú todos los personajes, cada uno se siente vivo, con su propia autonomía, carácter y personalidad… y eso se construye no solo desde el guion y la actuación, sino también desde el vestuario y el maquillaje. Están muy marcados por las pelucas, o incluso con cosas más nimias como los props: un cacho de celo, las zanahorias o los cartuchos de dinamita… ¿Cómo piensas esa caracterización desde la creación del personaje? ¿Es algo más azaroso o partes de una imagen muy concreta para que se separe de los demás y deje de verse “Jagger”?
[JÄGGER]
Siempre intento acercarme lo máximo que puedo a lo que me imagino con los medios que tengo, porque siempre tengo un presupuesto. Pasa un poco como en el anime, en el que todos tienen la misma cara, si te fijas, y necesitan que uno tenga el pelo morado, que otro tenga una cresta… Para que el que lo vea sea capaz de distinguir rápidamente quién es quién. Entonces intento darle a cada personaje algo diferenciador, me suele interesar que en la cara tengan alguna particularidad. Porque claro, lo que más se ve es la cara y luego está lo de afuera. ¿Un científico? Pues voy a intentar que tenga este pelo, este tal, voy a por ropa, busco algo y con eso lo encajo. Me curro una pistola de agua con un spray de pintura, y ya es una pistola extravagante.

[Adrián G. Ríos]
La película tiene una estructura muy capitular, como de pequeñas piezas o episodios que van encajando según grupos de personajes. Teniendo en cuenta los casi más de 40 personajes, cada uno con su propio espacio y tratamiento de puesta en escena ¿Es una estructura que ideaste desde el guion o la articulaste más a través del montaje?
[JÄGGER]
Sale todo en guion. Yo ya sabía que como iba a ser un encuentro de personajes
matándose, había que tener al menos un hilo conductor que, en este caso, es un hermano intentando encontrar al otro y viceversa. Entonces se trataba de intercalar el bloque de un hermano, con el bloque del otro. Yo lo hago todo al milímetro, intento hacerlo lo más cuidadoso posible porque luego el día del rodaje no hay un equipo, entonces hay que tenerlo todo súper medido.
[Adrián G. Ríos]
Durante toda la película el universo que planteas está atravesado por la violencia, dentro de ese caos en el que todo el mundo se enfrenta con todo el mundo. Al final, cuando “Fanzo” llega al mundo real, esa violencia reaparece en nuestra realidad, que se supone que se rige por unas lógicas más controladas. Teniendo en cuenta que es un elemento que atraviesa toda tu obra, ¿qué interés o reflexión tienes sobre la violencia?
[JÄGGER]
Creo que en ficción la violencia según como esté tratada es divertida. Por ejemplo, si
ves Funny Games (1997), está hecha precisamente para que no sea divertida. Igual que en el terror, puede quedar en un espacio en el que pasan cosas locas. Como en los Looney Tunes, que son muy violentos. Creo que es algo que hace que algo inherentemente sea divertido si se lleva bien.
En el caso de la película, había dos finales. La lectura era la misma: sales de un mundo bombástico en el que la violencia de los personajes es notable, y llegas a un mundo real en el que también va a haber violencia.
Intento por lo general no ser muy cargante. Si yo voy a contar algo, procuro que lo que cuento se quede un poco subliminalmente, para mí lo divertido es que esté bien, que impacte y que sea divertido. Si tiene algún discurso lo que hago (a veces sí, porque de algo hay que partir, algún material tiene que tener), intento tampoco darle mucho peso.

[Adrián G. Ríos]
Después de la película, en ¿CUANTO MEAN TODOS LOS PERROS JUNTOS? (2018) aparece el personaje inicial de EL LEGADO DE FIBONACCI (2016), y da la sensación de que el universo de Jägger Royale no se queda cerrado del todo, como si siguiera expandiéndose o apareciendo por otros sitios… ¿Es un universo que, pese al final sigue creando nueva vida y expandiéndose o supuso una licencia creativa de otros personajes que existen de forma más libre y no conectada con la película?
[JÄGGER]
Tiempo al tiempo, pero ese personaje es uno de mis favoritos. Entonces sí, Jägger Royale es más un paréntesis. Ha pasado esto hasta ahora, he hecho a estos personajes, vamos a que se peguen todos juntos. Sí que tengo una lectura de que la película sabe que es película, y tiene ese aspecto en el que se sale de la ficción al final, pero siguen entrando más personajes y más que me he dejado fuera. Tuve que hacer una criba en un momento dado. Ese personaje en verdad está demasiado “chetado”.
[Adrián G. Ríos]
Después de Jägger Royale, pese a que has seguido haciendo algún vídeo corto para redes y demás, has ido explorando otros formatos (desde el streaming, a los videojuegos, juegos de mesa, un libro) ¿el cine es algo a lo que te interesa volver en tus próximos proyectos o lo sientes más como una etapa que ya has pasado y ahora te apetece explorar otras facetas?
[JÄGGER]
A mí me fliparía volver a hacer una película en el cine, lo que pasa es que sí he pensado que la carta de “yo con mis pelucas” ya se ha jugado. ¿Se puede hacer una segunda? Puede ser porque hay más personajes, por ejemplo el Macho alfa se
puede explotar muchísimo, incluso el boxeador, Harry Potter… pero ya sería una cosa más de meramente comedia. Pero en el caso de hacer cine si preferiría organizarlo bastante mejor, ya que siento que esa carta ya la he jugado y ya está un poco usada. Hay que construir un poco sobre eso. Entonces, ojalá.
Tengo el privilegio también de que se me permitió hacer el libro (Volver a tragarse los pájaros, 2023), que estaba vendido antes de escribirse. Eso es una cosa que nos hacen a todos -a toda la gente que estamos en internet- nos dicen “te lo publicamos” entonces la mayoría optan por que se lo escriban y firmarlo ellos. Yo pensé que ya que me iban a publicar algo, podía aprovechar y escribir una especie de texto hierático que no publicarían jamás. Lo bueno de la literatura es que es súper fácil expresar cualquier idea. Porque no hay presupuesto, puedes describirla y si lo que describes es evocador, ya lo tienes. Entonces me he permitido como unas filigranas imaginarias y cognitivas más innovadoras, pero que en realidad están hiladas.
Tocar otros medios para mí es una oportunidad de cumplir el sueño húmedo de la mayoría de gente que se dedica a las artes, que es probar cosas nuevas. Hay gente que no, gente que a lo mejor se queda a su arte y no deja de perfeccionarlo. A mi en concreto me gusta ir viendo a ver cómo me expreso yo en distintos medios. Como en la música por ejemplo; la música de mi videojuego (Oh Demon Fix my Tv, 2026) la hice yo, y eso es otra capa que no tiene nada que ver con el videojuego en sí, en realidad. Son distintos medios y a mi parecer lo enriquece más.

[Adrián G. Ríos]
Te agradezco profundamente haberme dado el tiempo y el espacio para realizar esta entrevista. Estoy seguro de que tanto yo como muchas personas estamos deseando ver lo que tienes por hacer e inventar. Como hemos dicho, en su momento llegaste a un terreno yermo y has apuntalado una catedral que cada vez reune más adeptos.
[JÄGGER]
Me da pena porque claro, son jardines. Yo ahora subo un vídeo a Youtube y no tiene tantas visitas por la cosa numérica y algorítmica de Youtube. Hay gente que ha dejado de verlo también, pero yo sigo haciendo mis cosas. De hecho, debería de haber anunciado ya lo próximo. Lo prepararé para el mes que viene. Creo que va a sorprender a mi público y yo tengo muchas ganas. Llevo muchos meses preparándolo y meses que quedan.
Visualiza aquí la entrevista completa en YouTube @habladearte:
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