Una mirada a «Amor Amor Amor»
- Ángela Marcos Tato

- hace 12 minutos
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El cine ha hablado continuamente del amor, pero rara vez lo ha dejado escapar de los moldes, de las parejas cerradas y los finales previsibles. Unos pocos destellos muestran que otras formas de amar son posibles, pero la pantalla sigue siendo un lugar raro para la no-monogamia, para el deseo que no cabe en un estereotipo, para el amor que se construye con cuerpos vivos, tiempos y cuidados que no siempre coinciden pero que se buscan mutuamente.

Amor Amor Amor - sin comas y sin pausas, en mayúsculas, porque no hay jerarquías en su comienzo: cada palabra pesa lo mismo y tiene la misma intensidad - surge en ese vacío y trata de habitar las relaciones, con sus tensiones, contradicciones y límites sin necesidad de ceñirse a lo tradicional. Amar siempre está atravesado por lo material, por la precariedad, por la migración, pero también por la ética, la escucha y la posibilidad de sostenerse colectivamente ¿Cómo sostenemos el deseo y la libertad en un mundo que nos empuja a competir, a poseer y a tener miedo?
En esta conversación con sus directorxs, quería recoger esa esencia: pensar el amor que no encaja en lo establecido y lo previsible y pensar cómo se hace cine desde la vulnerabilidad, la autogestión y la implicación afectiva.
[La presente entrevista se llevó a cabo por Ángela Marcos Tato, responsable de la gestión de las preguntas y la organización del encuentro con lxs directorxs]
El comienzo
¿Recordáis el primer impulso de este documental? No tanto la idea, sino el momento vital: ¿qué estaba pasando en vuestras vidas o en vuestras relaciones cuando sentisteis que necesitabais contar esta historia?
Franklin:
Yo había vuelto de Murcia a Madrid por trabajo (junio 2024). Decidí regresar porque no era empezar de nuevo en un lugar, sino más bien retomar lo que había dejado cuando me fui en 2022. Mis mejores amigas de la universidad seguían en la ciudad, pero ya no vivían juntas, lo hacían con sus respectivos novios. Imagino que lo normal cuando te acercas a los 30 y tienes una relación de pareja estable. Por mi parte, estaba sin ninguna relación desde 2020, meses atrás había vivido algo que ahora se denominaría como situationship.
Empecé a quedar con Brenda Lucía y a ver su círculo de amistades, todas muy distintas a las mías, tanto en la forma de relacionarse como de vivir su relaciones afectivas. En ese momento, pensé en que llevaba en relaciones monógamas en serie desde los 17 años y estas no duraban más de un año. Caí en la cuenta de que algo no terminaba de funcionar conmigo en este sistema prediseñado para el amor romántico tradicional. En aquel entonces y con anterioridad solía preguntaba por el tema de las relaciones y siempre salían las mismas aristas como los celos, la fidelidad, la comunicación, habían demasiadas expectativas inalcanzables en un tema vital como es el amor. Ahí empezó mi deconstrucción personal en torno al tema del documental: el amor.
Brenda Lucía:
Recuerdo volver a ver a Franklin en junio de 2024 en el marco del II Festival de Cine Peruano en Madrid que organizo autogestionadamente como parte de Todo lo que se anuda. Estábamos cenando en un restaurante ecuatoriano con más personas de ese mundillo que habían asistido a la función en Cineteca. Franklin propuso hacer algo juntes ya que tenemos gustos similares en cuanto al cine de autor. Nos conocíamos desde 2020 y volver a conocerle desde ese acercamiento me parecía sanador, pues nuestra amistad también había tenido sus diferencias precisamente por la manera en que cada une se vincula sexoafectivamente y ambes somos muy cabezotas. Le dije que sí sin dudarlo y en común teníamos dos temas: el amor y la basura. Qué risa.
Yo en concreto estaba en un momento vital de eclosión, pues era mi primera semana tras 8 años trabajando con contrato en Madrid con residencia por fin, y acababa de iniciar mi primera relación romántica con otra persona no binaria fuera del armario tanto en España como en Perú, mi país de origen. Eso para mí era importantísimo porque sentía mi vida más integrada. Eso sí, con mi familia en Perú me faltaba salir del armario poliamoroso, pero ya se lo mega olían porque me siguen en Instagram y yo no les oculto nada. Es decir, en ese momento tenía dos parejas. Así que me encontraba feliz y con ganas de compartir lo bonito y lo difícil de vincular así.
¿Qué personas, experiencias, formas de vida, o referencias os enseñaron a mirar los vínculos de otra manera?
Franklin:
Sobre todo de observar vínculos que sostenían personas cercanas a mí que escapaban a lo tradicional y funcionaban igual de bien como podría funcionar una relación convencional. Y también que podían terminar como cualquier otra relación. En cuanto a referencias culturales, podría mencionar libros como El fin del amor de Tamara Tenenbaum que hace una radiografía del amor en la contemporaneidad y su experiencia personal en el amor. Y un capítulo de un podcast de El País llamado: Ana, Olga y Jessy: dos días con una ‘trieja’.
Brenda Lucía:
Mis amigues son mi principal referencia, la comunidad ballroom y mi casa drag, pues gracias a migrar mi familia elegida disidente se volvió pilar para sostenerme. Es decir que aunque tuviera pareja, mis otros vínculos ocupaban el mismo o más espacio incluso en mi vida. Por ejemplo, en una pijamada prefería dormir con mis amigues a veces y no necesariamente siempre me iba a dormir con mi pareja. Creo que crear, ser artista disidente, desde lo colectivo y hacer activismo antirracista te facilita mirar y vivir de otra manera, no sólo porque quiera sino también a veces porque no hay otra opción, ya que toca pijamada para ayudarnos para alistarnos para una ball, o para levantarse 5am contra un desahucio, entonces eso sólo se puede sostener en cuidados comunitarios. Tampoco hay que idealizar esto pues al final somos identidades con muchas heridas y vivencias en precariedad, por eso mola acudir también a quiénes han caminado así antes de nosotres, para no perder la esperanza, entender cómo lo hicieron posible y así seguir labrando nuestras propias referencias.

Mirar desde dentro
La no-monogamia suele ser observada desde fuera, a veces con morbo y muy a menudo con juicio. ¿Cómo fue para vosotres filmar desde un lugar cercano y vulnerable, sin perder honestidad ni complejidad?
Franklin:
Cuando las relaciones a filmar parten de una amistad cercana a Brenda Lucía esto nos posicionaba en un lugar más seguro, aunque esto no quitaba que hubiese que hacer un trabajo previo a la filmación, para que la protagonista o yo mismo pudiéramos hablar con la relación sin cámaras de por medio. Para conocernos, mirarnos, escucharnos y constatar que el documental pudiese seguir adelante, ya que la relación se sentía cómoda con el equipo técnico principal.
Brenda Lucía:
Hasta ahora honestamente está siendo fácil en el sentido de la cercanía. No obstante eso a la vez es lo que lo hace difícil pues queremos por sobre todo respetar que estén a gusto con cómo son representades, encima siendo mis amistades me gusta generar la confianza de que puedan decirme si algo les incomoda porque no quiero que nuestra amistad se rompa por el documental. Y creo que precisamente esa complejidad de los cuidados en la propia producción es la que se está transmitiendo en los rodajes. Al inicio no queríamos ser muy intrusives, pero conforme la protagonista y las relaciones románticas fueron dejándonos entrar cada vez más en su mundo, nos estamos atreviendo a profundizar más y ser más incisives si se puede: preguntar por otros vínculos delante del vínculo romántico, filmarles también por separado, entre otras cosas, pero no para buscar pillarles a lo Moore, sino lo contrario, entender cómo funcionan esos mundos separados y juntes y cuidar hasta las contradicciones y procesos.
Amar con fronteras de por medio
La migración atraviesa los vínculos de maneras que muchas veces no vemos de inmediato. Cuando el cuerpo, los papeles o el futuro no están asegurados, ¿cómo creéis que cambia la manera de amar? Y más allá de eso, ¿cómo afecta también la forma en que cuidamos de nosotres mismes y de las personas con las que nos vinculamos?
Franklin:
Por suerte cuento con una familia que se preocupó por mi bienestar, y eso me permitió tener doble nacionalidad (ecuatoriana y española), lo que legalmente facilita muchos procesos burocráticos. Eso, sin duda, cambia la experiencia migratoria, cuando los papeles no están en riesgo, el cuerpo vive con menos tensión constante. Y esa seguridad también afecta la manera en que una se vincula y proyecta su futuro.
Vengo de una zona bastante aislada de la Región de Murcia, un municipio de Torre-Pacheco (Roldán), donde la colectividad organizada —asociaciones, juntas vecinales— era prácticamente inexistente para nosotros, o simplemente no formábamos parte de ella porque el trabajo ocupaba todo el tiempo de mis padres. No había tradición. Al llegar a Madrid y crecer en la ciudad, descubrí el afecto y la fuerza de las asociaciones de origen migrante, lugares donde el acompañamiento frente a la precariedad y la incertidumbre se convierte en una forma de sostén y resistencia. Ver esos contextos me conmovía.
En mi caso, haber crecido en un entorno rural aislado y sin redes comunitarias ha hecho que insertarme en esos espacios me resulte complejo, también por mi carácter más introvertido en esas situaciones. Pero creo que ahí está una de las claves, cuando el cuerpo, los papeles o el futuro no están asegurados, el amor y el cuidado dejan de ser solo algo íntimo e individual y se vuelve una estrategia de supervivencia colectiva.
Brenda Lucía
En mi caso cambia porque el amor se enfoca desde la supervivencia y de ahí surge la empatía y el diálogo ante las desigualdades, ergo, cómo cuidarse. Esto implica vincularse siendo consciente de la reciprocidad, esta es que no todes pueden dar siempre lo mismo y hay que valorar y validar lo que se puede dar según el contexto. Reconocer esto es importante para cuidarse une misme y así poder pedir ayuda cuando une no puede más o quiere aislarse, y entender a lxs demás cuando no pueden darte lo que a une le gustaría. Al estar lejos de casa y ser atravesade por heridas debido a la discriminación, sentirse sole o estarlo puede ser duro, por lo que recomiendo mucho tener un kit a la mano para poder volver a las raíces siempre. Mis 5 dedos son: bailar, escuchar música, echarme cremita de manos, comer algo rico o videollamar con alguien de allá. Todo esto ha hecho posible no desregularme al punto de perderme a mí misme y poder seguir cuidándome, cuidando con quienes me vínculo y seguir confiando en amar así aunque el cis-tema lo obstaculice.
Desigualdades dentro del amor
A veces se habla de la no-monogamia como si todas partiéramos del mismo lugar y es obviamente muy utópico en el mundo que nos encontramos. ¿Qué tensiones aparecen cuando entran en juego la precariedad, el racismo, la clase o el acceso a derechos?
Brenda Lucía:
Aparecen tensiones como la dependencia por apegos que parten también de necesidades materiales que se unen a las emocionales. Hay que ser conscientes de esto y no dejar de acompañarlo para transformarlo. La herida de abandono es otro factor a tener en cuenta porque se intensifica en esos contextos límite, y por eso aprender a nombrar lo que une necesita y conocer lo que se puede dar para atravesar esos sentires, desde la interculturalidad. También podemos caer en olvidar que tenemos agencia.
Franklin:
Es complejo llegar a puntos profundos de autoconocimiento y autorreflexión sobre temas -el amor en este caso- que damos por aprendidos. ¿Cómo voy a pensar en mis formas de relacionarme si no sé si esta noche podré cenar? O nos podemos ir al otro lado, después de estar 12hs fuera de casa trabajando lo único que quiero es apego al entrar por la puerta del hogar.
En este sistema, las dinámicas sociales y económicas están muy bien trazadas para establecer masas homogéneas de población que puedan ser fácilmente vulneradas. La vivencia del amor también es una cuestión de clase.
Los límites del discurso
La intimidad es un terreno bastante sensible y filmar esos momentos implica cierto poder. ¿Qué responsabilidades habéis sentido al poner una cámara en espacios tan vulnerables, y cómo negociasteis esos límites?
Contar con lxs participantes desde el inicio, durante el proceso y hasta el visionado de montaje final. Que las personas se sientan cómodas con su autopercepción. Negociamos al reunirnos y decidir los días de rodaje, la verdad fue bastante consensuado porque les gustaba la idea que teníamos de grabarles en su cotidianidad juntes, dialogando con la protagonista y luego haciendo autónomamente lo que más les apasiona.
Preguntar y repreguntar como forma de cuidado constante. Cambiar de opinión también forma parte del proceso y no está ni mal ni bien.
¿Hubo alguna escena, conversación o testimonio que os removiera especialmente, que os obligara a parar, a cuidaros o a replantear la forma de seguir filmando?
Sí. La protagonista nos compartió tanto que en una escena se puso a llorar. Le preguntamos si quería parar y luego retomar, y nos dijo que quería seguir, con lo cual confiamos en su criterio y así hicimos. Estamos muy agradecides con su entrega y confianza, y pudimos sentirnos identificades con lo que compartió al punto que removió al equipo, generándose un ambiente seguro y tierno para dejarnos conmover y soltar.
Hacer cine sin redes
La autogestión suele presentarse como un acto de liberación y, sin darte cuenta, acaba sosteniéndose a base de cansancio propio y autoexplotación. ¿Os pasó algo parecido con la película? Tanto en la autogestión como en las no-monogamias es muy importante la comunidad, ¿qué os sostuvo cuando faltó el dinero, el tiempo o la certeza de si la película iba a llegar a algún lugar?
Sí, justamente por eso iniciamos la recaudación de fondos a través de Verkami, pues queremos contar bien esta historia y para ello necesitamos cuidar nuestras economías. Fue una manera de poner nuestros límites y cuidarnos. Por eso seguimos contando con nuestras redes y la comunidad interesada en conocer sobre otras formas de amar, que existen y merecen ser contadas con calidad y en su complejidad, respeto y cariño. Ellxs nos han apoyado y sostenido desde el inicio hasta ahora y confiamos en que así siga siendo para que salga el documental. Cuando nos hemos desmotivado por el tiempo o el proceso, que sea una co-dirección ha ayudado y también buscar consejo de profesionales de la diáspora migrante acá como Lorena Tullini, para conocer su resistencia hasta lograrlo. La verdad devuelve mucho la confianza saber que otres con más experiencia quieren ver nuestro largometraje.

Después del Amor
Ahora que el documental existe, ¿qué os ha cambiado en la forma de amar, de vincularos o de narrar el mundo?
Brenda Lucía:
El documental sigue en proceso pero por ahora ha aumentado la confianza en mí misme, en mi forma de amar y conocer más personas que también apuestan por otras formas de amar con las que puedo hablar sin tabú. Y sobre mi manera de vincular creo que sigue siendo igual de intensa y en anarquía relacional, no obstante ahora soy más consciente de lo que puedo dar y quiero que me den a nivel romántico si quiero esa intensidad con mi pareja tanto como con mis amigues, otros vínculos y conmigo misme y mi arte, como este docu, con Franklin, claro.

Franklin:
El desarrollo de este documental está siendo toda una travesía. La película no ha dejado de desplazarse, porque nuestras propias experiencias también lo han hecho. Cada etapa de nuestra vida personal durante estos 15 meses ha influido en la manera de narrar y de entender lo que estamos contando.
En lo personal, me ha obligado a revisar muchas ideas heredadas sobre el amor romántico. Escuchar a Brenda, quedar con personas que practican la no monogamia ética y observar otras formas de vincularse me ha sacado de lugares que daba por sentados. El proyecto me ha colocado aún más en una posición de cuestionamiento constante.
Ni Ángel, la protagonista, ni yo tenemos una definición definitiva de cómo se debe amar. Lo que sí ha cambiado es la conciencia de que existen múltiples formas posibles, y que abrirse a ellas implica también replantear cómo nos cuidamos y cómo sostenemos nuestros vínculos.
Link de la campaña para apoyar la producción de la película: https://vkm.is/amor
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