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Regreso al futuro: la vuelta de futurama

Para muchos Futurama supone una serie de culto, que relata de una manera sublime y sobre todo hilarante cómo a través del tiempo el avance humano es puramente tecnológico y nada social.



El año pasado recibimos una noticia que ilusionó a un servidor, y supongo que a muchas personas que rondan mi edad o pertenezcan a generaciones de millenials puros algo más mayores que yo, incluso a algún que otro boomer romántico de la idea de que las series de antes eran mejores: en 2023 volvía Futurama. Para un gran número de estas personas Futurama supone una serie de culto, que relata de una manera sublime y sobre todo hilarante cómo a través del tiempo el avance humano es puramente tecnológico y nada social. Personalmente encuentro muy interesante la manera en que, tras diez años sin emisión, la serie plasmará el momento en el que el mundo se encuentra actualmente, mediante ese futuro hipotético que resulta tan real y cercano. Y es que uno de los principales aciertos de la serie es el hecho de que hace parecer que mil años en el tiempo están mucho más cerca de lo que parece.


No lo tuvo fácil Futurama en su concepción y posterior desarrollo, puesto que para Matt Groening la sombra del monstruo que creó (en el buen sentido), Los Simpson, era demasiado alargada. Y es que estamos hablando de que el creador de Futurama es a su vez quien dio vida a la que es probablemente la serie, no solamente animada, más exitosa de todos los tiempos. Las comparaciones siempre han sido odiosas, y comparar a dos productos que, aunque comparten esencia, son en definitiva tan diferentes en cuanto a contenido y target, fue un error. Asimismo la serie que nos ocupa, que proponía un humor adulto más explícito y menos sutil que su hermana mayor Los Simpson, tuvo que luchar en audiencia y fama contra los dos monstruos de la comedia adulta que creó el siempre polémico Seth MacFarlane, Padre de Familia y American Dad. Y es que estas dos series, especialmente Padre de Familia, se consolidaron en la primera década del siglo XXI como el paradigma de la comedia adulta e irreverente americana. Fue difícil para Futurama hacerles frente, puesto que a pesar de tratarse de una serie sin muchos filtros, conserva esa sutileza típica de la marca Groening, algo que no existe en los mórbidos e hiperbólicos productos de MacFarlane, hecho que sin duda gustó al público de masas.


Sin embargo, bien es cierto que, como se ha apuntado anteriormente, Futurama es considerada dentro del terreno de la animación adulta como una serie de culto, y como sabemos, pocos productos culturales hay de culto que no hayan sido en mayor o menor medida infravalorados por el público de masas. Sería pues atrevido y erróneo por mi parte colocar a Futurama la etiqueta de serie arrinconada en el pozo del olvido, puesto que su gran legión de fans actuales demuestra que se trata de una serie muy viva, cuya noticia de renovación ha despertado la ilusión general.


Pasando ahora al análisis de la serie, me gustaría incidir en la capacidad que tiene de acercar al presente un futuro que a priori es muy lejano, ya que nadie va a llegar vivo al año 3000 a no ser que puedas echar mano de un proceso de criogenización, como el sufrido accidentalmente por nuestro amigo Fry. Y es que es tal la cercanía del presente con ese futuro, que al entrañable (y pazguato) protagonista no le resulta difícil adaptarse a una sociedad, la de Nueva-Nueva York, que a primera vista es un escenario totalmente distinto al de sus recientes y al mismo tiempo arcaicos recuerdos. De aquí se puede extraer una lectura bastante pesimista, y es que la sociedad humana puede avanzar tecnológicamente hacia metas que aun a día de hoy ni siquiera se contemplan, pero socialmente el ser humano cometerá una y otra vez los mismos pecados, pues parece que va implícito en su naturaleza.


Ni siquiera el hecho de conocer a muy numerosas y diversas sociedades y especies inteligentes que se encuentran a lo largo y ancho del vasto universo hace cambiar la mentalidad humana, que en la serie se muestra esclava, a través de una manera muy sutilmente lograda, del tardocapitalismo salvaje que es una realidad en el siglo XXI. Sobre este detalle siempre encontré muy curiosa la bandera del planeta Tierra, que pasa a ser una federación de estados unidos bajo un símbolo: la bandera que justo aquí se muestra.


Bandera del planeta tierra, Futurama.


Este símbolo, de creación brillante a mi parecer, muestra como es evidente (no seré yo quien descubra el Mediterráneo) la manera en la que el sistema económico, social y cultural de Estados Unidos domina al mundo, algo que quizás los ácidos creadores de la serie atisben sin necesidad de usar mucho la imaginación, tan solo echando un vistazo al mundo que les rodea. Del mismo modo, es interesante observar, entre risas y situaciones rocambolescas, la manera en la que el juego de conquistas de territorio y luchas de poder que se ha dado en el mundo desde que el ser humano es tal, en la serie se extiende a todo el universo conocido, hecho que me retrotrae a esa frase que dicen algunas personas de “ya está todo inventado”.


A pesar de que el protagonista de la serie sea Fry ya que la historia gira en torno a él, el reparto de la misma es coral, y por mucho que sea Fry el motor de la misma, creo que todos estamos de acuerdo en que el personaje que más destaca en su concepción de comedia es Bender. Es la magia que siempre tienen los antihéroes, siempre al margen de las normas, y en este caso códigos éticos de programación, que de alguna forma acaban encandilando al público. Bender es el ejemplo perfecto de un robot hecho a imagen y semejanza del ser humano, un humanoide, resaltando en él aspectos negativos que jamás atribuiríamos a una máquina, como son la pereza, la desvergüenza, la cleptomanía o incluso el alcoholismo. Este es un hecho que me parece sobresaliente de Futurama, el que sus creadores hayan dado vida a un robot que a través de sus vicios es más humano que los propios humanos. Prestando atención al momento tecnológico actual, en el que la inteligencia artificial se está desarrollando hacia unos niveles tan avanzados y encaminada a ofrecer respuestas cada vez “más humanas”, considero un vaticinio por parte de Matt Groening esa idea anteriormente tan lejana de que un ser artificial pudiera ofrecer algo parecido a la amistad o la verdadera compañía.


Qué decir de Leela, significativo su color de pelo y su nombre, pues es el lila/morado el color representativo de la lucha por el empoderamiento femenino. Me resulta triste la idea de Groening de concebir un futuro lejano, dentro de mil años, donde que menos que el papel del feminismo combativo debería ser agua pasada y sujeto de historia. Sin embargo nos presenta a una mujer, que aunque luchadora, independiente e inteligente, se muestra ninguneada por la microsociedad que es la empresa Planet Express así como por la sociedad en general. Para conseguir destacar debe hacer el triple que ellos, los hombres (o robots a los que de alguna manera identificamos con el género masculino), obteniendo también el rol tan rancio de “madre” con ellos, teniendo que cuidarlos y sacarlos de apuros como si ellos no fueran adultos. Este personaje también nos muestra, tristemente, que en el futuro no se ha superado el estigma social de marginar a quien es diferente, y que por mucho que finjamos encaminarnos hacia una sociedad meritocrática, el prestigio lo sigue otorgando la apariencia y la cuna.


Personaje de Leela, Futurama


Y quisiera finalizar el artículo dedicando unas líneas al excelentísimo Doctor Zoidberg, a mi parecer el personaje más risible de la serie. Gran culpa de esto la tiene José Padilla, quien es el encargado de ponerle voz en español, de forma brillante una vez más como hiciera con personajes de la talla de Mickey Mouse, el Director Skinner, Joker en las películas clásicas de Batman o Cosmo de Los Padrinos Mágicos, quienes forman parte del imaginario colectivo. Lo que más curioso y acertado me parece de este personaje es la manera en la que rompe con el tópico, herencia de la ciencia ficción clásica más lovecraftiana, de que las sociedades extraterrestres son siempre años luz más avanzadas, fisionómica y técnicamente, que la especie humana, además de más frías, calculadoras y preparadas para el dominio interplanetario. Zoidberg en este sentido es una criatura absurda, literalmente una langosta fuera del agua, que a veces es capaz de levantar algo de compasión ante el trato tan deplorable que recibe.


Personaje deDoctor Zoidberg, Martin pacheco, de la serie Futurama


No quisiera aventurarme a enjuiciar esta nueva entrega acerca de si decepcionará o no, puesto que desconozco la manera en la que será enfocada. De lo que sí estoy seguro es de que no dejará indiferente a quien la vea, y como ha ocurrido anteriormente, solo espero de ella risas, de las cuales muchas llevarán consigo cargas de profundidad en forma de crítica social y caricatura (pero sutil, que es Groening y no MacFarlane). Y por qué no, también espero emocionarme, como me ha ocurrido en aquellos flashbacks de Fry, donde descubrimos a un hermano que bajo una máscara de dureza lo adoraba o a un perrito que siempre esperó a que volviese al mundo que le pertenecía. Porque a esto también invita Futurama, aunque suene a cliché: tratar de romantizar el presente porque seguramente el futuro no sea tan ideal como imaginamos.



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