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Las niñas siempre dicen la verdad, de Rosa Berbel

Nos damos de bruces con una madurez monótona y sumida en asfixiantes ritmos capitalistas; la precariedad laboral, el amor made in tinder, la propiedad privada...



Las niñas siempre dicen la verdad fue galardonado con el XXI premio poesía joven «Antonio Carvajal», cuando Rosa Berbel, su autora, tenía apenas 20 años. Este poemario recorre el proceso del abandono de la infancia, que dista mucho del paraíso perdido que evocaban antaño los poetas, y el paso por una adolescencia que difiere considerablemente de las películas hollywoodienses. Nos damos de bruces con una madurez monótona y sumida en asfixiantes ritmos capitalistas; la precariedad laboral, el amor made in tinder, la propiedad privada...


El desarrollo de la identidad femenina es la piedra angular de la obra; a veces ligado a la opresión de género, como en el durísimo poema dividido en cuatro partes “Las niñas siempre dicen la verdad” o en “Jurado popular”, pero en otras a la sororidad y la unión entre mujeres, como en “Sisterhood”; el papel de la mujer es esencial, como compañera, madre o simplemente como una misma enfrentándose a una sociedad que nunca estuvo diseñada para mujeres.


Primero niña, demasiado pequeña aún para crecer pero tropezando con la adolescencia; niña que sufre el hecho de ser mujer antes de haberse convertido en una. La sangre de la menstruación marca el final de una etapa

“Niña que no reconoce su cuerpo / comienza a sentir cosas extrañas”.

La adolescencia abre la puerta a diferentes imposiciones: los cánones de belleza, la presión social… también el amor “parece que me tocas como suelen tocarse / las cosas mal prestadas”; después, “por fin” mujer, actualmente convertidas en “Femme fatale con prisas” además se nos ha convencido de que ser mujer implica convertirse en madre y esta idea aparece en diversos poemas

“Le digo a otras mujeres / que en realidad no sé si quiero tener hijos.”

La idea de la maternidad como meta vital resulta tan poderosa que la obra finaliza con un extenso poema titulado “Sala de espera para madres impacientes”.


Pese a su lírica coloquial, caracterizada por una expresión sencilla y directa, no renuncia a la complejidad ni a las referencias clásicas – podemos asistir a un encuentro en “First dates” entre Heráclito y Flaubert que podría ser la imagen poética del amor en tiempos de la sociedad líquida.


Las niñas siempre dicen la verdad es una lectura breve pero intensa, un impactante relato autobiográfico. Una mirada de nuevo hacia nosotras mismas, con la certeza de que los ojos que miran muestran la realidad, por cruda que sea, y no un filtro pastel made in Instagram



Deseo


Niña que no reconoce su cuerpo

comienza a sentir cosas algo extrañas;

hormigueo, mal carácter, un intenso dolor

en los pechos.


Empieza a estar celosa y afilada,

por los cuerpos ligeros de otras niñas,

por su pelo sedoso, por la noventa c

que guardan en cajones.


Es demasiado pronto para hablar del amor

aunque sabe ya qué es lo que busca

y a donde irá a buscarlo:

un amor que se llame asimetría,

y que dure lo justo

para ser consumido sin reparos.


Niña que no reconoce su cuerpo

observa con vergüenza,

frota con agua fría

las diferentes manchas de su ropa.


Desde el trapecio el hambre tiene la forma

simple de unas bragas.


El futuro en los posos de colores

de las niñas que sangran

como niñas.

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