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Francisco Torrón Durán ¿Un artista olvidado?

Francisco compaginó su vida como artista y como restaurador del Patrimonio Nacional en el Palacio Real de Madrid durante cuarenta años.


Francisco Torrón en su estudio. Madrid. 1965.


Francisco Torrón Durán, un nombre poco o nada conocido para la gran mayoría de las personas. Sin embargo, su ausencia desde el 2020 ha dejado una numerosa obra artística y de restauración que merece la pena ser rescatada. Hemos de mencionar primeramente que Francisco compaginó su vida como artista y como restaurador del Patrimonio Nacional en el Palacio Real de Madrid durante cuarenta años.


Nuestro autor, nacido en la ciudad de A Coruña en 1934 se formó en su ciudad natal en el mismo lugar donde estuvo tiempo atrás estudiando Pablo Picasso. Fue en la Escuela de Artes y Oficios Eusebio da Guarda, situada entre la emblemática Plaza de Pontevedra y la playa de Riazor. Francisco comenzó a muy temprana edad su formación artística por varias circunstancias. Entre ellas, una de gran relevancia fue que a la temprana edad de cuatro años contrajo meningitis, y a causa del retraso de los medicamentos en la Guerra Civil Española, perdió la audición. Aunque antes de este suceso ya mostraba dotes artísticas, pronto vería en el arte una vía de expresión. Tras acabar los estudios en A Coruña, siendo mayor de edad, decidió culminar su formación en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando en Madrid (1954). Una escuela por la que pasaron grandes artistas como Goya, Dalí, Picasso o Antonio López; siendo este último de la misma generación que Torrón. Por aquella época de mediados de los cincuenta Madrid era, junto con Barcelona, el epicentro del arte en España y prácticamente los únicos lugares donde había oportunidades laborales en el arte.


Recordemos que por aquel entonces España se veía sumergida en una dictadura y una posguerra con grandes complicaciones sociopolíticas. Un hecho que hacía que España estuviese ciertamente aislada social y culturalmente de las influencias y las vanguardias que fluctuaban en Europa, siendo París el foco de atención.


Al finalizar los estudios en la Escuela de San Fernando en 1962, Torrón entró como parte de la plantilla de restauradores del Patrimonio Nacional, comenzando en la campaña del Monasterio de El Escorial ese mismo año; y en la que estuvo inmerso varios años más. Al mismo tiempo compaginó su vida artística produciendo mayormente pintura al óleo. Para poder compaginarlo rentó un estudio en la Calle de Bordadores a mediados de los sesenta, muy cerca de la Plaza de Sol de Madrid, que mantuvo hasta el 2007.


Sin más preámbulos nos sumergimos en la década de los ochenta, en la que Francisco Torrón realizó labores muy importantes de restauración en pintura en todas sus técnicas (lienzos, tablas, frescos, temples, etc.) y en escultura (diversos tipos de piedras, escayolas y madera policromada). Destacamos su labor en El Monasterio de Las Descalzas Reales en Madrid, muy cerca de la Plaza de Callao. Son muy numerosas las obras restauradas por Torrón que podemos encontrar a lo largo de su carrera, teniendo en su posesión la medalla de la UNESCO por la labor de restauración realizada en este lugar. Consideramos ejemplar el Monasterio de las Descalzas Reales en la trayectoria de Francisco Torrón porque es un emplazamiento que alberga obra de restauración y artística en un mismo sitio. Un buen ejemplo de cómo coexistió esa dualidad laboral de nuestro autor.


Francisco Torrón pintando el retrato de Santa Clara para la Iglesia de Las Descalzas Reales. Madrid. 1989.


Su trabajo en este monasterio comenzó con pequeños encargos, pero a medida que se iba sumergiendo en la restauración del arte que había allí oculto por la clausura, por el deterioro de los años y por no haber sido restaurado y cuidado debidamente, se dio cuenta del tesoro que se albergaba. Cabe señalar que fue gracias a la labor de Francisco que todas las navidades se celebra una exhibición de esculturas policromadas del Niño Jesús en el monasterio. Esto fue debido a la estrecha relación que Francisco llegó a mantener con las monjas residentes y tras plantear lo instructivo que sería mostrar las imágenes a un gran público que de otra manera no tendría acceso a ellas. Esto surgió porque de manera ocasional, las monjas le ofrecían restaurar algunas piezas policromadas del niño Jesús que ellas guardaban de forma personal. Hoy en día, existe un museo en este edificio donde se puede contemplar parte del monasterio donde muchas de las obras que se exhiben fueron restauradas por Francisco.


A parte de su gran labor de restauración en este lugar, la cual abarca la policromía de esculturas, frescos, cuadros, etc., se pueden ver en la entrada de la Iglesia abierta al público dos pinturas suyas al óleo. Un retrato de San Francisco y otro de Santa Clara, los cuales realizó por encargo privado para la Iglesia. Si bien, Francisco Torrón, era un gran retratista, aunque también era diestro en el arte del paisajismo y el bodegón, sus favoritos. Sin embargo, a través de los retratos Francisco Torrón demuestra su talento para captar la esencia de la personalidad de sus modelos. Sus tonos, la elección de fondos, la intensidad de la mirada, la minuciosa atención a los detalles y el respeto con el que observa el mundo son ejemplos que se reflejan en su arte con gran expresividad.


A día de hoy en los estudios realizados se contabilizan más de medio millar de piezas de obras artísticas y más de doscientas restauraciones, creciendo el número de ellas por las investigaciones que se van realizando. Esta investigación forma parte de un proyecto que tiene como objetivo ensalzar la figura de Francisco Torrón en el panorama artístico y de restauración dentro de la plástica española del siglo XX y principios del actual. Un proyecto que ya cuenta con varias exposiciones y conferencias y que cada año va creciendo dando visibilidad a este artista.


Francisco Torrón en su estudio de la Calle de Bordadores. Madrid.



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