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El cinéfilo insomne recomienda: «Sucedió una noche» de Frank Capra

Una nueva cita nocturna con nuestro cinéfilo favorito: 'El cinéfilo insomne'. Para esta ocasión nos regala una recomendación clásica de uno de los directores favoritos de Hollywood: Frank Capra con Sucedió una noche (1934).


Fotograma de la película con Clark Gable y Claudette Colbert
Fotograma de la película con Clark Gable y Claudette Colbert

Sucedió una noche (It Happened One Night, Frank Capra, 1934). Él la instruye sobre cómo mojar los bollos en el café, y piensa escribir un libro sobre el tema; ella le enseña a hacer autoestop, a pesar de que es él quien pretende darle lecciones al respecto. Él es un erudito sobre cómo debe desnudarse un hombre, ella es una niña rica que sabe cómo atraerlos. Él va de sabidillo y es algo fanfarrón, ella es la perfecta niña mimada que se escapa de casa sin conocer el mundo en que se aventura. Ambos son bastante egocéntricos y no poco engreídos: se repelen de inmediato y se enamoran sin remedio.

 

Ellen Andrews (Claudette Colbert), contrariada con su millonario padre, decide hacer huelga de hambre en un claro gesto de solidaridad (es ironía) con los millones de compatriotas que no tienen qué llevarse a la boca tras la terrible Crisis del 29. Su padre, sin embargo, se obstina en alimentarla a la fuerza, lo que provoca que ella, en uno de sus múltiples berrinches, huya en autobús desde Miami a Nueva York para reunirse con el que todavía es su marido. Esta insospechada huida la llevará a conocer a un periodista bravucón, pero honesto, que responde al nombre de Peter Warne (Clark Gable); aunque también se topará con una realidad social completamente ajena a su estilo de vida. Y es que Capra no elude la difícil situación económica que atravesaba el país durante la Gran Depresión, sino que aprovecha el viaje de Ellen en autobús para mostrarnos el paisaje humano de la clase social estadounidense con pocos recursos económicos. No por ello deja de lado su devoción por el gran sueño americano. De hecho, en un par de ocasiones podemos oír una cancioncilla bastante alegre, cuya letra dice algo así: «los jóvenes enamorados nunca pasan hambre»; y con la que parece darnos una optimista receta para solventar cualquier tipo de crisis: mucho amor.

 


Tampoco faltan el humor ingenioso y extrovertido a propósito de la guerra de sexos, así como ambiguas situaciones con la sexualidad de fondo. A este respecto, merece la pena mencionar que Clark Gable y Claudette Colbert no se besan ni una sola vez en toda la película. Todo entre ellos es tensión erótica no consumada. Ejemplo de esa tensión son las inefables murallas de Jericó, simbolizadas por una manta que Clark Gable tiende sobre un cordel para separar las camas de ambos en las sucesivas habitaciones de motel en que pernoctan. Todas las barreras sociales y sexuales que desde un principio separan a los protagonistas quedan simbolizadas por esa manta que, finalmente, se derrumba como lo hicieran las susodichas murallas: al toque de trompeta.



Es indiscutible que pocas películas han sido rodadas en tal estado de gracia, y eso que ni los mandamases de la Columbia ni la propia Claudette Colbert creían demasiado en ella. Contra todo pronóstico fue un éxito comercial y de crítica, y se alzó con los cinco premios Óscar más importantes de la Academia.

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