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El cinéfilo insomne recomienda: «Cautivo del deseo» de John Cromwell

hace 10 minutos
2 min de lectura

Regresa nuestro voraz cinéfilo favorito para recomendarnos la primera película de esta nueva temporada. Sus largas noches le han guiado hasta una historia de amor muy particular. Hoy: Cautivo del deseo (1934)



Cautivo del deseo (Of Human Bondage, John Cromwell, 1934). Basada en la novela Servidumbre humana, de W. Somerset Maugham, la película narra una historia de amor tóxico entre Philip Carey (un joven huérfano estudiante de medicina) y una vulgar camarera llamada Mildred. Esta somete a aquel a todo tipo de desprecios y humillaciones; sin embargo, él la perdona una y otra vez, reiniciando así el círculo vicioso de su dependencia emocional. Solo cuando ella muere a causa de una enfermedad relacionada con sus perniciosos hábitos de vida, Philip logra rehacer la suya junto a una mujer más respetable y, ahora sí, enamorada. Cabe destacar a nivel narrativo el hábil uso de esas elipsis tras las que Mildred, en consonancia con su particular descenso a los infiernos, aparece cada vez más enferma y demacrada.


Sería fácil caer en la tentación de considerar a Carey un masoquista redomado o creer que entiende el sexo como una práctica sucia y humillante para la mujer, razón por la que solo podría practicarlo con una de baja catadura moral; sin embargo, advertimos que se trata de un hombre profundamente acomplejado porque tiene un pie zambo congénito, hecho que lo lleva a estudiar medicina tras su fracaso como pintor (cabe sospechar que pretendía compensar su tara física con el talento artístico que no poseía). Es muy significativo, a este respecto, que su vida tome mejor rumbo tras ser operado con éxito. En cuanto a Mildred, quizá su comportamiento para con él no esté del todo desligado del hecho de que pueda sospechar que Carey solo la desea porque siente que no puede aspirar a alguien mejor; lo que, en definitiva, no deja de ser un insulto para la mujer.



John Cromwell quería que Bette Davis interpretara el papel de Mildred, y esta aceptó encantada después de leer la novela. Pero los derechos para llevarla al cine pertenecían a la RKO, y ella trabajaba para la Warner Bross; así que necesitaba el permiso de Jack Warner, quien se mostraba reacio a ceder a la que consideraba una de sus actrices más emergentes: no podía entender que Bette Davis quisiera interpretar a una heroína perversa, un papel tan arriesgado para su carrera. Finalmente, Warner aceptó intercambiarla por Irene Dune, que trabajaba en la RKO y a la que Mervyn LeRoy quería contratar para protagonizar Bella Adelina (Sweet Adeline, 1934). El acuerdo se llevó a cabo, y la interpretación de Bette Davis estuvo entre las más aclamadas de ese año por crítica y público, lo que supuso su consagración como actriz y el inicio de un filón de personajes de «mala» que la harían célebre. Leslie Howard, por su parte, era una apuesta segura y bordó su papel; pero ambos intérpretes no hicieron buenas migas durante el rodaje. Aún así, el éxito de la película propició que volvieran a trabajar juntos en El bosque petrificado (The Petrified Forest, 1936) y Es amor lo que busco (It’s Love I’m After, 1937), ambas dirigidas por Archie Mayo para la Warner Bross.



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