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Aquellos hijos pálidos de hambre. Sobre Figure del limite. Estetica dell´ibrido Tra arte e filosofia

Actualizado: 5 ene 2022

En esencia, es este libro una buena toma de contacto para el profano con la representación y con la definición de la figura mitológica de la harpía, temibles seres, mitad pájaro y mitad mujer. Sin embargo, más allá de ser un compendio de los pasajes en los que aparecen estos seres, y he aquí lo bello y lo útil de este libro, los autores se encargan de darnos un significado filosófico a este y a otros seres monstruosos, híbridos, aberrantes, alejados de la belleza.


Grabado de Gustave Doré, para el Infierno de la Divina comedia de Dante



Nota aclaratoria sobre el título: Definición que Virgilio usa en La Eneida para referirse a las terroríficas harpías: “Rostros de doncella en cuerpos de ave, nauseabundo el excremento/ de su vientre, manos que se hacen garras y rasgos siempre/ pálidos de hambre” (el subrayado es mío) [1]



Hay libros que llegan a casa cuando uno no los esperas, sin previa invitación, y es esta una experiencia maravillosa para quien los recibe. Al díscolo vate extremeño Robe Iniesta Ojea escuché decir de los galardones, en una memorable entrevista al hilo del disco Agila, que son como una tapa que te sirven en un bar sin pedirla, cuando ordenamos una caña, que es por lo que pagamos. Así ha sucedido con el libro que ahora reseño, que apareció en mi buzón una mañana, como una buena tapa, como regalo de la pequeña editorial perusina Graphe[2], con la que tengo el placer de colaborar escribiendo sobre sus libros siempre que me es posible.


El primer contacto, cara a cara, que tenemos con este libro de pastas color bermellón pasa con creces el examen, aunque sé que esta de la edición de los libros es una cuestión muy personal; yo prefiero siempre el formato manejable, las portadas austeras y que el papel de la tripa no sea demasiado blanco, que el continente no reste atención al contenido. En este caso son dos buenos ensayos, de Alessandro Gatti y Samuele Strati, acompañados de una más que correcta introducción -firmada por Nicola Zengiaro- y un conciso epílogo, a manera de recapitulación de todo lo dicho, rubricado por Flavio Piero Cuniberto, todos ligados a la añeja Università degli Studi di Perugia, todos unidos en un libro para pensar (nos), puesto que, aunque el argumento nuclear sea el origen y la evolución de la iconografía de monstruos como las harpías o la esfinge, está el ser humano en el sustrato de cada idea que plantea esta monografía.


Portada para Figure del limite. Estetica dell´ibrido Tra arte e filosofia, de Alessandro Gatti y Samuele Strati. Editorial Graphe. it


En esencia, es este libro una buena toma de contacto para el profano con la representación y con la definición de la figura mitológica de la harpía, temibles seres, mitad pájaro y mitad mujer, que atormentaron -por tirar aquí de los más conocidos- a Eneas y a sus compañeros nautas, o a los desdichados suicidas del soberbio Círculo VII dantesco; son las que encontramos en los relieves de la denominada “Tumba de las arpías de Janto”(en la actual Turquía); o en algunos de los capiteles de Santo Domingo de Silos (Burgos). Más allá de ser un compendio de los pasajes en los que aparecen estos seres, y he aquí lo bello y lo útil de este libro, los autores se encargan de darnos un significado filosófico a este y a otros seres monstruosos, híbridos, aberrantes, alejados de la belleza, “alegorías o personificaciones de los vicios en su doble tensión (culpa y castigo)”, nos dice Juan Eduardo Cirlot[3].

Es este un libro repleto de buenas reflexiones; una de ellas está ya anotada en mi pequeño “cuaderno de las ideas prestadas”, porque creo yo que en un futuro, para otro texto que ya me ronda la cabeza, me será de gran utilidad:


“Chi è il mostro? Chiediamocelo quando ci osserviamo allo apecchio, mentre guardiamo dentro le nostre pupille per scorgere qualcosa di indefinitamente nascosto, qualcosa che per definizione si sottrae alla vista come un mostro sotto il letto, dentro l´armadio, chiuso nello scantinato.[4]

“¿Quién es el monstruo? Preguntémonos cuando nos miramos al espejo, mientras observamos dentro de nuestras pupilas para vislumbrar algo indefinidamente oculto, algo que, por definición, escapa a la vista, como un monstruo bajo la cama, dentro del armario, encerrado en el sótano.[5]


Pidiéndosenos con esta recogida introspección que seamos cautos en eso, tan de moda hoy, de juzgar (y condenar) al otro como el que silba, y que miremos dentro de nosotros más detenidamente. En lo personal, se me hacen más hermosas estas letras quizá porque al leerlas me han recordado aquello que escribiese Roberto Juarroz que tanto me gusta del:


“[...] y tú sabes que si no miraras lo que miras/yo lo miraría por ti.” [6]


Las harpías en la portada de una de las aventuras del pato Donald y Tío Gilito

Se agradecen las abundantes ilustraciones, que facilitan la comprensión de dos ensayos llenos de alusiones a libros, esculturas, cuadros, grabados, etc., no siempre conocidos. Y percibo en los jovencísimos autores el arrojo de querer alejar el oro y los mármoles de los viejos mitos para dejarlos en la pura carne y el hueso, tanto que en los monstruos que se describen casi nos vemos reflejados nosotros mismos, de pura humanidad que destilan.


Y no sólo, también descubriremos en el libro la razón de ser del monstruo, la función del monstruo, la etimología de la palabra “monstruo” (del latín: monstrum, y, a su vez, de: monere), con el significado de “portento”, y “prodigio”, que llega a tener significados ambivalente en un juego de contrarios. No olvidemos que el monstruo es lo opuesto a aquello que define al kalokagathìa (en griego antiguo: καλοκαγαθία), palabra que indicaba, en la cultura griega del V siglo a. C., todo aquel ideal de perfección física y moral de los héroes, puesto que la identificación y la explicación de los héroes -íntegros y llenos de valores- se hace en contraposición del siempre desdichado (dígame el lector qué monstruo acaba bien) monstruo[7]. Como bien explica Samuele Strati:


“Il mostro è, primariamente, ciò che spezza la regolarità e interrompe la ripetizione. Il mostro si impone ineludibilmente allo sguardo (vale a dire: compie la sua apparizione), apre una voragine, emerge dall´oscurità in cui risiede, nel mostrarsi si staglia sul confine e ne smaschera la fondamentale illusione di solidità.[8]

“El monstruo es, ante todo, aquello que rompe la regularidad e interrumpe la repetición. El monstruo se impone, inevitablemente, a la mirada (es decir: hace su aparición), abre un abismo, emerge de la oscuridad en la que mora, en el mostrarse se destaca de la frontera y desenmascara la fundamental ilusión de solidez.[9]


Es un valor, pues, la facilidad de descubrir con libros como este cosas que uno no se plantearía aprender con sus lecturas digamos “obligatorias”, como esta de la utilidad y la idiosincrasia del monstruo. Los autores han optado por lo poco agradecido que es escribir para hacer pensar, lo que hace que tengamos que parar la lectura cada poco tiempo para recurrir a otras fuentes, y está bien esta tarea de la microinvestigación en la investigación, de saltar de la silla para ir a teclear al ordenador o a escudriñar en nuestras siempre diligentes bibliotecas personales.


Aunque reconozco que estoy de parte. Me ha gustado siempre, desde que vi de chico uno de los clásicos de los que ya peinamos -o aventamos- canas: Buenas noches, señor monstruo (de 1982), la defensa del monstruo. Y con los versos de un “monstruo” voy a terminar yo; con los versos de un falso híbrido como fue Joseph Merrick, el “hombre elefante”, de una sensibilidad exquisita y que llevó mucho más dentro el dolor por el desdén de los otros que el que le producían sus malformaciones, porque si hubiesen mirado de quedo en sus pupilas, a manera de espejos, habrían descubierto muchos que el monstruo era otro:


Is true that my form is something odd,

but blaming me is blaming God;

could I create myself anew

would not fail pleasing you.[10]


Es cierto que mi forma es algo extraña,

pero culparme a mí es culpar a Dios;

si pudiese yo crearme a mí mismo de nuevo

trataría de no fallar para complacerte.[11]


Haz, lector, pues, con tus lecturas y tus actos, que haya merecido la pena el sacrificio de los monstruos.




BIBLIOGRAFÍA


[3]En: CIRLOT, Juan Eduardo, Diccionario de símbolos, Labor, Barcelona, 1969, p. 84.

[4]ZENGIARO, Nicola, “Introduzione” , Figure del limite. Estetica dell´ibrido tra arte e filosofia, Perugia, Graphe, 2021, p. 7. [5]Traducción del autor.

[6]JUARROZ, Roberto, Poesía vertical II, Buenos Aires, Emecé, 2005, p 291.

[7]Léase para esto el interesante libro de: ALLISON, Scott T. & GOETHALS, George R.,Heroes: What They Do and Why We Need Them. New York, Oxford University Press, 2010. [8]STRATI, Samuele, “La palude e la metropoli. Note sul mostro e sulla mostruosità”, Figure del limite. Estetica dell´ibrido tra arte e filosofia, Perugia, Graphe, 2021, p. 56. [9]Traducción del autor. [10]Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Joseph_Merrick (última consulta: 01/01/2022). [11]Traducción del autor.

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