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El arte está para comérselo: Brownies a lo Katharine Hepburn

Katharine Hepburn (1907-2003) fue una famosa actriz estadounidense, que a lo largo de su carrera profesional obtuvo nada menos que 4 premios Óscar y 12 nominaciones a mejor actriz, marcando un antes y un después en el papel de la mujer en el cine. Lo que muchos no saben es que una de sus recetas llegó a hacerse bastante famosa: sus brownies. Para este primer capítulo de «El arte está para comérselo» os traigo la receta, con historia incluida.


La actriz, Katharine Hepburn
La actriz, Katharine Hepburn

En julio del 2003, el New York Times publicó la receta de los brownies de Katharine Hepburn, gracias a una carta al director enviada por Heather Henderson, hija de un vecino de la actriz, poco después de que esta falleciera, en ella explicaba cómo había llegado la receta a sus manos.


La carta dice así (traducida):


Al editor:

“Con respecto a la muerte de Katharine Hepburn el domingo pasado: durante muchas décadas, mi padre solía cruzar la ciudad caminando para hacer sus compras de comida en Second Avenue. A menudo compraba en un Gristede's cerca de la casa de la señorita Hepburn en East 49th Street.


Un día, de repente, se encontró cara a cara con la señorita Hepburn, que también estaba comprando alimentos. Él la saludó con una inclinación de cabeza, y ella respondió de la misma manera. Desde entonces comenzó a pensar en ella como una vecina.


En 1983, durante mi último año en Bryn Mawr College, la universidad de la que se había graduado la señorita Hepburn, yo estaba frustrada y me iba mal en los estudios, y durante las vacaciones de Navidad decidí abandonar la universidad. Tenía la idea romántica de huir a Escocia para escribir guiones de cine. Mi padre estaba desesperado. Mi madre había muerto dos años antes, dejándolo con toda la responsabilidad de su hija testaruda.


Él sabía que la señorita Hepburn había pasado por sus propias dificultades en Bryn Mawr, así que le escribió una carta pidiéndole que interviniera. “Ella es una gran admiradora suya, y quizá la escuche”, escribió. De camino al supermercado, dejó la carta en el buzón de su casa.


A las 7:30 de la mañana siguiente, el teléfono me despertó. Contesté y escuché esa famosa voz, chisporroteando con autoridad.—¿Es esta la joven que quiere abandonar Bryn Mawr?

Le dije que sí.—¡Qué cosa tan condenadamente estúpida! —replicó con brusquedad.


Luego me dio una animada reprimenda cuyo mensaje principal era que tenía que terminar mis estudios y obtener mi título, y que después podría hacer lo que quisiera. No había forma de discutir con su tono imperioso. Después dijo que quería reunirse con nosotros para tomar el té.


El día de la cita era gris y frío. Caminando las largas manzanas hacia Turtle Bay, mi padre y yo casi no hablamos. Se sentía como si fuéramos a conocer a la Reina.


La señorita Hepburn nos recibió cálidamente. Con una elegancia casual, nos ofreció té y algunos de sus famosos brownies. Aunque tenía más de 70 años, tenía un aspecto juvenil, acentuado por su ropa casi infantil: un suéter de cuello alto, un cárdigan negro y unos pantalones verdes caqui algo gastados.


Hablamos de muchas cosas, entre ellas Bryn Mawr. Dijo que había sido miserable allí y que todavía tenía pesadillas al respecto, pero que se alegraba de haber ido. Al final de la tarde me dijo, con un tono bastante serio:—Eres inteligente.


Era un cumplido, pero también una advertencia para no ser tonta en el futuro.


Después de eso, mi padre fue invitado a visitarla algunas veces. En una ocasión, había oído que se estaba recuperando de un grave accidente de coche, y pasó a dejarle un paquete de brownies caseros y una nota deseándole pronta recuperación. Para su sorpresa, lo hicieron pasar y lo invitaron a su dormitorio, donde ella lo recibió en camisón. Probó sus brownies.


—¡Demasiada harina! —declaró.


Luego recitó su propia receta, que él escribió apresuradamente.—¡Y no los hornees demasiado! ¡Deben estar húmedos, no como un pastel!


Siempre estaré agradecida con la señorita Hepburn por haberme hecho continuar en Bryn Mawr y por haberme dado estas reglas para vivir:


  1. Nunca renuncies.

  2. Sé tú mismo.

  3. No pongas demasiada harina en tus brownies.”


Brownies de Katharine Hepburn

  • 1/2 taza de cacao

  • 1 barra de mantequil2 huevos

  • 1 taza de azúcar

  • 1/4 taza de harina

  • 1 taza de nueces o pacanas troceadas

  • 1 cucharadita de vainilla

  • Una pizca de sal


Preparación:

Precalienta el horno a 325 °F (unos 165 °C). Derrite la mantequilla en una cacerola con el cacao y mezcla hasta que quede suave. Retira del fuego y deja enfriar unos minutos. Incorpora los huevos, uno a uno. Añade el azúcar, la harina, los frutos secos, la vainilla y la sal. Vierte la mezcla en un molde cuadrado de 20×20 cm engrasado.

Hornea durante 40 minutos.¡No los hornees demasiado! Deben quedar pegajosos y húmedos.

Déjalos enfriar (un paso esencial) y luego córtalos en barras.

— Heather HendersonSt. Paul, Minnesota

 

-The New York Times-

6 de Julio de 2003



[Esta es la carta transcrita al castellano. Si queréis leer la original pinchad aquí.


Para la ocasión, hemos recreado la receta en este vídeo, os animámos a que os suscribáis a nuestro canal de YouTube y no os perdáis ninguna de las recetas:



Katharine no lo hacía pero nosotras nos hemos tomado la licencia de añadirle 1/2 taza de pepitas de chocolate, y hemos reducido el tiempo de cocción a 30’ ¡Porque creemos que así queda más jugoso, pero vosotros podéis decidir como os gusta más!


Ya no tenéis excusa para no probar la receta de la mismísima Katharine, y si os animáis a recrearla, ¡Mandadnos fotos de los resultados, esperamos que os guste tanto como a nosotras!


Un abrazo de chocolate y cine clásico.


Cris.

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