Crónica de un viaje a la Tierra Santa del Pop
En esta sociedad pluralista y multicultural en la que vivimos, cada uno vive su fe de maneras diferentes. Unos se encomiendan al Dios cristiano, otros a las energías del universo, incluso a los ovnis y los aliens... ¡qué se yo! Otros tantos, entre los que me incluyo, parece que nos hemos entregado a una fe quizás más mundana, pero probablemente no menos trascendental: la música pop.
En los últimos días he podido recorrer Manchester y Liverpool. Dos focos que, sin duda, suponen un hito para la música pop y rock, sin la cual no podríamos entender buena parte de la historia cultural del siglo XX. En este periplo me he dado cuenta de que lo que estaba haciendo distaba mucho de ser un simple viaje de ocio y turismo, y que realmente se parecía bastante más una peregrinación cuasirreligiosa, siguiendo los pasos de los grandes profetas musicales de esta tierra, los lugares que frecuentaron y las reliquias que dejaron tras de sí.
MANCHESTER
Mi camino comenzó por Manchester, una ciudad con una marcada tradición industrial cuya huella sigue presente en su arquitectura y urbanismo. Para muchos es una ciudad estéticamente fea. Para mi, sin embargo, resultó tener un encanto muy especial, entre lo moderno y lo decadente, lo bohemio y lo más tradicionalmente británico. Quizás ese encanto, pensé yo, fue el que inspiraría algunos de los grandes himnos del pop rock mancuniano.
Demiurgo
Volviendo a la fe, si hay un dios al que rezar en Manchester ese es Tony Wilson. El antiguo periodista de Granada Reports marcó un antes y un después no solo en el panorama musical de Manchester, sino en la propia historia de la ciudad. Omnipresente desde mediados de los 70 hasta los años 90, descubrió y promocionó algunas de las bandas fundamentales de la época, siendo probablemente la joya de la corona el hallazgo de Joy Division.
Wilson, además, promovió la creación de espacios de conciertos en los que todas estas agrupaciones pudieron darse a conocer. The Factory, inaugurada en 1978, sería el templo fundamental de esta primera etapa en la que reinaron el post punk y la new wave, y que se complementaría además con la creación del sello discográfico Factory Records, presidido también por Wilson. Joy Division, The Fall y Durutti Column, entre muchas otras formaciones venidas de distintos lugares del Reino Unido, pasaron por The Factory hasta su cierre en 1980. Lo que hoy queda es FAC251, un club musical ubicado en las antiguas instalaciones de Factory Records. En su fachada un cartel reza “Built by Tony Wilson, Paid for by New Order. Broken by The Happy Mondays” (Construido por Tony Wilson, pagado por New Order, destruído por los Happy Mondays)

Sin embargo, la gran catedral de Wilson sería The Haçienda. En colaboración con New Order, esta gran discoteca sería testigo del nacimiento de la cultura rave y del movimiento Madchester, que aglutinaría influencias del post punk y el acid house, dando a luz a bandas como The Stone Roses o The Happy Mondays. En una época turbulenta en la que la violencia y las drogas harían estragos en la ciudad, The Haçienda se convertiría en uno de los epicentros mundiales de la música. El cierre de Factory Records en el 92 y los problemas económicos que arrastraba el club desembocarían en su cierre definitivo en 1997. El edificio original fue demolido y sustituido por un bloque de apartamentos, pero aún hoy un cartel con el nombre The Haçienda recuerda con orgullo el templo que convirtió a Manchester en un referente mundial.
Recordé frente a las puertas de FAC251 la escena de la película 24 Hour Party People (2002), en la que Tony Wilson, claramente afectado por sustancias psicotrópicas, recibe la visita del mismísimo Dios, cuyo aspecto es el mismo que el de Wilson. “Dios toma la cara de aquel al que se le aparece, al único que se le ha aparecido es a mí, y por tanto hasta donde sé es igual que yo”, discutía Wilson. Vaya si se te apareció Tony… vaya que si.
Fugaz
Escribió Kurt Cobain en su última carta que “es mejor arder que apagarse lentamente”. Al que casi no le dio tiempo ni a arder fue al Ícaro del post punk, al inigualable Ian Curtis. El vocalista de Joy Division, atormentado por frecuentes ataques epilépticos y una personalidad atribulada, se quitó la vida justo antes de que la banda se embarcara en su primera gira por Estados Unidos. Nunca sabremos qué pudo ser de Joy Division tras ese tour, lamentablemente Ícaro cayó justo cuando sus dedos rozaban el sol. Serían New Order los que surgirían de las cenizas para llevar ese post punk a los terrenos de la electrónica y el dance. Tras visitar FAC251 y Haçienda me encaminé a visitar el fantástico mural de Curtis junto a la estación de Piccadilly, pero este sería el primer (y único, a decir verdad) chasco en el viaje, ya que estaba completamente tapado y en proceso de restauración.
El placer de lo inesperado
He de decir que nunca me han gustado los viajes muy pautados. Planifico una serie de sitios que sé que quiero visitar, por supuesto, pero siempre me gusta dejarme llevar un poco, perderme por las ciudades y, a ser posible, hablar con su gente. En mi opinión, es la mejor manera para sumergirse en el ambiente. El fiasco del mural se vio debidamente compensado con el descubrimiento de un lugar muy pintoresco: el Peveril of the Peak, una vieja taberna victoriana que parecía haberse quedado congelada en el siglo XIX. Resultó que el Peveril era un punto de reunión para músicos y personajes del círculo cultural mancuniano. Un inglés muy simpático, que me había llamado la atención por llevar una camiseta de Joy Division (sí, soy así de friki), me enseñó una foto de los Gallagher en ese mismo bar, que por supuesto fue debidamente replicada.

También fue un descubrimiento fortuito The Temple, un bar ubicado en un antiguo aseo público subterráneo, de época victoriana también. A pesar de ser un espacio de lo más angosto, The Temple fue testigo de conciertos y sets de DJ desde los 90, y músicos como Mark E. Smith de The Fall o Guy Garvey de Elbow pasaron allí largas horas componiendo canciones.
Resulta fascinante cómo en Manchester puedes encontrar hitos de la cultura musical en los lugares más inesperados, recónditos y poco convencionales.
El salmista solitario
The Smiths es otra de las bandas predilectas de Manchester, y si hay un lugar de peregrinación por excelencia para todo fan de la banda de Morrisey y Johny Marr esa es la puerta del Salford Lads Club. A unos cincuenta minutos a pie del centro de Manchester, en la ciudad anexa de Salford, encontramos la icónica entrada al club. Construido en 1903 como un espacio de socialización y creación para jóvenes, función que aún mantiene, sirvió a la banda para una de sus sesiones fotográficas más famosas, que protagonizaría además la contraportada del legendario álbum The Queen Is Dead (1986). El edificio de ladrillo rojo tan típicamente inglés, con la triple portada con columnas enmarcando la puerta verde, coronada por el inconfundible cartel del club, es una visita obligatoria para todo fan de los Smiths.

Biblical
La religión cristiana tiene a Caín y Abel. Nosotros tenemos a Liam y Noel. Los tempestuosos hermanos Gallagher enarbolaron con orgullo el estandarte mancuniano en las guerras del Britpop, de manera que es imposible entender Oasis sin Manchester y Manchester sin Oasis. Sus constantes peleas durante la trayectoria de la banda desembocaron en una separación durante más de quince años. Los cruces de insultos entre Liam y Noel en tweets hirientes y declaraciones a cual más estrafalaria hacían imposible divisar un renacer de Oasis. Pero, al parecer, los milagros sí que existen. Quizás enternecidos por aquella primera Champions del Manchester City de sus amores, Liam y Noel se reconciliaron para salir de nuevo de gira en 2025 en una reunión que, hasta que a alguno de los dos se le crucen los cables, parece que sigue viento en popa.
Para todo fan de Oasis es muy recomendable el Definitely Maybe Bar, en el que puedes admirar objetos y reliquias de la historia de la banda mientras te tomas una buena pinta… Supersonic!

LIVERPOOL
La capital del Merseyside, custodiada por los Liverbirds, sufrió como pocas los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. El periodo de recuperación fue tortuoso y la ciudad se sumió en un ambiente depresivo. Poco a poco fue despertando y vio surgir la gran luz que haría brillar Liverpool para siempre: The Beatles.
A día de hoy, Liverpool es una ciudad que exuda música. Es imposible pasar más de dos minutos caminando por sus calles sin escuchar alguna canción, sonando a gran volumen en los innumerables pubs. Es una ciudad llena de micros abiertos, conciertos a todas horas y karaokes con gente interpretando insultantemente bien. La Tierra Prometida para todo amante de la música.
Los Cuatro
El Tetramorfos por excelencia de la música pop, los FabFour de Liverpool: John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr cambiaron para siempre la historia de Liverpool y de la música. En apenas nueve años de carrera forjaron trece álbumes que se convertirían en la Biblia del pop, en la que sentarían las bases para marcar a todo lo que vendría más adelante.
La sombra de The Beatles es omnipresente en Liverpool, por lo que mis dos días allí los dediqué a seguir sus pasos. Una ruta que me llevó desde la tienda de discos The Jacaranda, donde la formación, aún con Stuart Sutcliffe a la batería, realizó algunas de sus primeras actuaciones, hasta el cementerio de St. Peter’s Church, en Woolton, donde se conocieron Lennon y McCartney y donde se encuentra las tumba de Eleanor Rigby, cuyo nombre inspiraría uno de los grandes temas del álbum Revolver (1966). Por el camino, la zona de Penny Lane y Mendips, la casa en la que John Lennon pasó su adolescencia y en la que se reunió numerosas veces con Mccartney para componer algunos grandes himnos.
Finalmente, en una imagen que casi parecía un portal de Belén, las puertas rojas de Strawberry Fields, el orfanato que John Lennon solía frecuentar para jugar con otros niños, y que daría título a una de las grandes canciones del Magical Mystery Tour (1967).
Tanto si conoces la historia de The Beatles como si no, son muy recomendables los dos grandes museos dedicados a la banda. El The Beatles Story, cerca del Albert Dock y la célebre estatua de los FabFour, que repasa toda su trayectoria con recreaciones y escenografías de cada una de sus etapas, y el Liverpool Beatles Museum en Mathew Street, en este caso con una mayor presencia de reliquias y objetos de cada uno de los integrantes del grupo. Siempre me llamó la atención cómo, por ejemplo, los cristianos se rendían ante las reliquias de algún santo. Pero allí estaba yo en una actitud similar, embelesado observando uno de los primeros micrófonos de Paul McCartney, las baquetas de ringo Starr, el peine con el que George Harrison conseguía ese perfecto estilo Beatle, o las gafas de John Lennon. Siempre se ha dicho que si se reunieran todos los fragmentos de la cruz de Cristo que hay repartidos por el mundo se podrían crear siete cruces. Algo parecido pasa con las gafas de John Lennon, no se cuantas tendría a lo largo de su vida pero al parecer debieron rondar los mil pares.

Descensión al Cielo
Hablando de Mathew Street… yo aún sigo en Mathew Street. El encanto de una calle dedicada única y exclusivamente a la música. De cada pub salían grandes melodías que me encaminaban a la Santa Sede del Pop, al templo máximo… a The Cavern. Resulta que a los cielos no se asciende, sino que se desciende unos tres pisos hasta llegar a un lugar mágico. “¡Te brillan los ojos!¡A mí no me miras así!”, me decía mi novia con cierta sorna, sabiendo que para mí estar en The Cavern era algo sumamente ilusionante. Allí me vi leyendo los miles de nombres escritos en las paredes, las guitarras y pósteres de los grandes conciertos que tuvieron lugar entre sus muros de ladrillo, y por supuesto ese escenario principal en el que se dan cita hasta cuarenta bandas a la semana, en una rueda interminable de música en directo.
Inaugurado en 1957, The Cavern fue el gran escenario de los primeros Beatles, que tocaron allí en casi trescientas ocasiones entre 1961 y 1963. El Cavern original desapareció en 1973, pero en 1984 reabrió sus puertas, ocupando un 75% del Cavern original. Sin duda es un sitio con un carisma diferente, en el que cantar Let It Be o corear los nananas de Hey Jude se convierte en una experiencia trascendental. Es sin duda el lugar de peregrinación que todo devoto del pop debe visitar, al menos, una vez en la vida (yo ya solo puedo pensar en volver).

Este ha sido sin duda uno de los mejores viajes de mi vida, si no el mejor. Para alguien a quien le apasiona la historia y la música de estas dos ciudades es una experiencia increíble. Espero haber despertado en vosotros las ganas de peregrinar a estos santos lugares del pop.
No solo he aterrizado recientemente en España, sino también en las filas de Habla de Arte. Con mucha ilusión y agradecido por formar parte de un proyecto tan único, os mando un abrazo y os espero en el siguiente artículo. Paz, amor y Rock & Roll!

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