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Un recorrido por «El libro de los seres imaginarios»

La literatura y la imaginación son dos conceptos que no se pueden entender sino juntos, en una continua conexión desde que el ser humano comenzó a expresarse a través de la lengua escrita. Estando estos dos conceptos en perfecta comunión, es la literatura la que se nutre de la imaginación del autor, otorgándole el poder no ya solo de escritor, sino de demiurgo, creador de mundos y de realidades. Es gracias a la magnificencia del arte por la cual esas realidades, valga la redundancia, se convierten en reales, y es también gracias al arte que esas nuevas realidades pueden compartirse y transmitirse, otorgándoseles de esta manera a estas creaciones quasi divinas una existencia innegable.


"Behemoth y Leviathan", William Blake, 1825, reinterpretado en 1874


Ocurre en la historia humana que, cuando la percepción de las nuevas creaciones se expande y pasa a formar parte de lo más arraigado del imaginario colectivo, la existencia de estas es capaz incluso de materializarse, siendo capaces de volverse aún más reales, incluso de documentarse. De eso se encargan el genial Borges, cuya imaginación y virtuosismo nadie pone en duda, en compañía de la no menos singular Margarita Guerrero. Ellos son los elegidos para llevar a cabo un arduo y peliagudo trabajo de campo consistente en localizar, documentar y describir a las más fantásticas criaturas de cualquier parte del mundo que alguna vez traspasaron la fantasía humana para convertirse en reales.


En esta suerte de zoológico, el más extraordinario jamás creado bajo la percepción de quien escribe, las criaturas no se encuentran enjauladas, sino que acompañan al lector a lo largo de su aventura, y lo que es más importante, estas criaturas pueden seguir al lado del maravillado lector hasta que en algún momento pasen a formar parte de aventuras que aún no están escritas. Se trata pues de un “bestiario” en el que además de aprender curiosidades útiles acerca de estos seres, como el lugar donde se encuentran o su nivel de peligrosidad, también sirve como base para esas historias mágicas que nacen de la ya mencionada imaginación del autor demiurgo, y que tan solo necesitan un protagonista o un antagonista de cualidades y características asombrosas a la altura de la historia por escribir. Es más, Borges y Margarita se ocupan de recoger en este inventario fabuloso a aquellas criaturas que en algún momento fueron fruto de la mente de algunos de los grandes nombres de la literatura universal, como Poe, Kafka o C.S. Lewis entre otros. Sirviéndose del mundo onírico, uno de los principales motores de la imaginación, los dos autores recogen a estas criaturas bajo el título de “Animal soñado por [nombre de insigne autor]”, por lo cual se vuelve aquí a hacer hincapié en la idea del autor literario como demiurgo, creador de mundos y seres que viven en ellos.


Representación de Garuda 


Pasando a recorrer de una manera fugaz las páginas del libro en las que se hayan las diferentes criaturas, se puede destacar el contrapunto entre criaturas más que conocidas en el imaginario general, incluso la palabra universal se podría emplear, con seres para muchos lectores desconocidos, para quienes este libro supone en ese aspecto todo un descubrimiento. De este modo, podemos encontrar por ejemplo una documentación pormenorizada del Ave Fénix, de quien se nos dice que se debe su origen al Antiguo Egipto y su filosofía de la inmortalidad, creándose esta leyenda que siglos más tarde sería recuperada por Tácito y Plinio. Por otro lado, de entre los menos conocidos en nuestra cultura occidental se puede destacar a Garuda, variación de Vishnu en el panteón brahmánico, deidad que según el drama Nagamanda, devora una serpiente todos los días. El motivo de que haya elegido a este ítem del inventario imaginario es porque el nombre Garuda sonará a unos pocos nostálgicos que jugaran al Street Fighter, pues este era uno de los personajes más poderosos.


En el libro no se hace tampoco distinción por intenciones, pues este recoge a personajes benevolentes, como el Asno de tres patas, perteneciente a la cultura parsi, que según los autores “todo en él es justo”; y del mismo modo recoge a criaturas malvadas y poderosas a las que hay que evitar siquiera nombrar, puesto que su aparición puede causar las desgracias más terribles. Es el caso por ejemplo de Behemoth, hoy concebido como demonio, pero según Borges y Guerrero, se trata de un ser de “desaforada grandeza, magnificación del elefante o el hipopótamo”.


Para concluir, quisiera destacar este libro como una fuente de inspiración en potencia, puesto que al final la imaginación del creador debe nutrirse de lo que algún día fue solo una idea abstracta, y a día de hoy es tan real que hasta puede verse. Porque, ¿cuánta gente afirma haber visto al Yeti o al Monstruo del Lago Ness? Se venera a entes que existen, porque se hallan muy presentes en el imaginario colectivo. Estáis invitados a ser demiurgos y crear vuestros propios seres imaginarios, ¿quién sabe a cuántas “imaginaciones” llegarán?

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